La trampa de las cuotas: La morosidad en electrodomésticos roza el 70% y el consumo entra en fase terminal

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El ajuste de Javier Milei no solo desplomó las ventas, sino que quebró la cadena de pagos. Con salarios pulverizados y despidos en aumento, las familias se debaten entre comer o pagar el crédito. El alarmante impacto en las grandes cadenas y el peligroso refugio en las fintech.

El modelo económico del gobierno nacional ha generado un escenario de «asfixia financiera» para los hogares argentinos. Lo que comenzó como una caída del consumo hoy se transformó en un punto de quiebre sistémico: la morosidad en el pago de cuotas de electrodomésticos alcanzó niveles inéditos, llegando en algunos casos al 70%.

Las grandes cadenas de retail atraviesan su peor crisis en décadas. Según datos del sector, firmas emblemáticas como Frávega vieron saltar su morosidad del 13% al 39% en poco más de un año. El panorama es aún más sombrío en otras comercializadoras:

  • Coppel: 70% de morosidad.
  • Bazar Avenida: Supera el 60%.
  • Cetrogar y Megatone: Promedian entre el 43% y 48%.

Este fenómeno es el espejo de un salario real que cayó más del 35% desde el inicio de la gestión libertaria. Con un Costo Financiero Total que en muchos casos supera el 800% anual, comprar una heladera o un televisor en cuotas se ha vuelto una trampa impagable para la clase media y los sectores populares.

Ante la imposibilidad de afrontar los gastos básicos, miles de familias han recurrido al endeudamiento desesperado. Al agotarse el límite de las tarjetas de crédito tradicionales, el refugio han sido las fintech y financieras de «solo DNI», que ofrecen préstamos inmediatos con tasas usurarias.

Este «círculo vicioso» de deuda sobre deuda se alimenta de una realidad innegable: el dinero no alcanza. La caída del 7% en las ventas de consumo masivo en enero de 2026 y el derrumbe del 15,4% en supermercados demuestran que el ajuste ya no es sobre lo prescindible, sino sobre el plato de comida.

A este panorama siniestro se le suma la pérdida de puestos de trabajo. Se estima que desde la asunción de Milei se perdieron más de 200.000 empleos formales. El reciente pedido de convocatoria de acreedores de la fabricante Peabody es el síntoma de una industria que se desmorona por la apertura de importaciones y la nula demanda interna.

Hoy, el trabajador se enfrenta a la peor de las combinaciones: precios internacionales, salarios de subsistencia y el fantasma del desempleo. Mientras el Gobierno celebra el superávit fiscal, las familias argentinas quedan atrapadas en una deuda eterna por bienes que ya no pueden disfrutar.


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