Una investigación reciente de Al Jazeera pone nombre y técnica al horror en la Franja: el uso de armas térmicas y termobáricas que alcanzan los 3.500 °C, dejando a miles de familias sin cuerpos que enterrar.
La comparación con los métodos de exterminio del pasado surge hoy no solo del dolor, sino de la evidencia física. Si en otros tiempos se construyeron estructuras para la cremación, en la Gaza de 2026 la propia atmósfera de los refugios y escuelas se convierte en un horno instantáneo mediante proyectiles de alta precisión.
El dato es devastador, se sospecha que 3.000 personas fueron «evaporadas» por los bombardeos de la fuerza aérea israelí. Según el informe The Rest of the Story de Al Jazeera publicado el 10 de febrero de 2026, la Defensa Civil de Gaza ha registrado 2.842 personas desaparecidas cuyos restos no han podido ser hallados tras los escombros.
A diferencia de los bombardeos convencionales donde se recuperan restos, estas armas carbonizan o «evaporan» los cuerpos debido a temperaturas que superan los 3.500 °C. Las autoridades locales ya cifran el total de muertos en el enclave por encima de los 200.000 desde 2023.
¿Cómo operan estas «nuevas» armas?

A diferencia de una bomba que destruye por fragmentación, estas municiones —suministradas masivamente por Estados Unidos— operan bajo principios térmicos y de vacío:
La bomba GBU-39 (Bomba de Pequeño Diámetro), identificada en ataques a escuelas como Al-Tabin, está diseñada para atravesar el techo y detonar en el aire dentro de la habitación. Su objetivo no es derribar el edificio, sino incinerar todo el oxígeno y la materia orgánica en su interior mediante una bola de fuego de alta presión. La BLU-109 (Bunker Buster), es un proyectil antibúnker con una carcasa de acero que penetra profundamente en el suelo o estructuras de hormigón antes de liberar una carga térmica masiva, creando un efecto de horno confinado bajo tierra. Y las armas Termobáricas, también conocidas como «bombas de vacío», absorben el oxígeno del entorno para alimentar una explosión de temperatura extrema y una onda expansiva de duración prolongada que destruye los pulmones y tejidos blandos de quienes no mueren por el calor.

La nota no estaría completa sin señalar el origen de este arsenal. Informes confirman que Estados Unidos ha autorizado el envío de miles de estas bombas, incluyendo más de 1.800 unidades de la MK84 y miles de GBU-39. Incluso en periodos de supuesto «alto al fuego», el flujo de armamento térmico ha continuado, permitiendo que estas operaciones mantengan su letalidad térmica.
Mientras que el método nazi era una «industria de la muerte» estática, lo que ocurre en Gaza es descrito por diversos analistas como una «industria de la muerte móvil y aérea». El resultado final —la reducción del ser humano a cenizas para borrar su rastro— es el punto donde ambas tragedias se tocan en el imaginario colectivo y en la denuncia de organismos de derechos humanos.