La crisis láctea se profundiza y ya desapareció el 10% de los establecimientos productivos del país. Denuncian un modelo de concentración que expulsa a los pequeños productores y destruye fuentes de trabajo en la industria.
El panorama para la lechería argentina es crítico. En el marco de la 3ª Fiesta del Tambero en Navarro, se revelaron cifras alarmantes: desde que asumió Javier Milei, cerraron más de mil tambos en todo el país. Esta sangría representa la pérdida del 10% de los establecimientos que operaban hasta hace dos años, afectando el arraigo rural y el empleo.
En este contexto, el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez, advirtió sobre el fuerte contraste entre los modelos de gestión. Según el funcionario, mientras la Provincia busca promover el valor agregado, «lo que está haciendo el Gobierno nacional va en el sentido exactamente contrario».
Para Javier Rodríguez, la desaparición de unidades productivas no es un hecho aislado: «Las políticas de Milei están empujando a la concentración y expulsando a los pequeños y medianos productores. El cierre de tambos es la consecuencia directa de un modelo que desprotege a quienes producen», sentenció el ministro durante el evento que reunió a los principales referentes de la Cuenca Abasto Sur.
La crisis del tambo arrastra inevitablemente a la industria. La situación se refleja en casos emblemáticos de empresas con décadas de historia que hoy están al borde del abismo o directamente en quiebra:
- La Suipachense: quebró y dejó a 140 trabajadores sin empleo.
- Verónica: paralizó su producción y pidió el despido de 200 empleados.
- ARSA: el cierre de la planta que producía para SanCor dejó a 400 familias en la calle.
Frente a la apertura indiscriminada y la falta de financiamiento nacional, el sector lácteo atraviesa uno de sus momentos más oscuros, poniendo en riesgo el abastecimiento interno y la supervivencia de los pueblos que dependen de esta producción vital.