La industria nacional atraviesa uno de sus momentos más críticos en décadas. Según informes recientes de la UIA (Unión Industrial Argentina), la actividad industrial cerró el 2025 con una caída acumulada significativa, operando con niveles de producción que se sitúan un 10% por debajo de los registros de 2022 y con una caída interanual persistente en sectores clave. En este contexto, el sector metalúrgico es uno de los más golpeados: datos de ADIMRA y el INDEC confirman que la producción metalúrgica se hundió más de un 10% interanual en los primeros meses de 2026, con un uso de la capacidad instalada que en algunos rubros apenas supera el 40%.
Para profundizar en esta realidad que azota al sur del Conurbano, en La Matriz Noticias entrevistamos vía WhatsApp a Adrián Pérez, secretario general de la Seccional UOM Quilmes, Berazategui y Florencio Varela. Con la franqueza que lo caracteriza, Pérez analizó el impacto del modelo de Javier Milei, el rol del empresariado y el futuro del movimiento obrero.
El fin del horizonte productivo
La Matriz Noticias: La UIA, después de acompañar inicialmente algunas medidas, reconoce ahora que el aparato productivo corre serios riesgos. Un informe destaca que la caída en la producción interanual promedió el 3% y los niveles actuales están por debajo un 10% de lo producido en 2023. ¿Cómo ves el escenario en Quilmes, Berazategui y Florencio Varela? ¿El empresariado ve salida o comprende que esto no tiene retorno?
Adrián Pérez: «El escenario que veo —y creo que es el mismo que ve el empresario— no veo salida. No veo un horizonte de trabajo productivo industrial en nuestro país, sino de servicio; porque por más que vos dejés abierta tu pyme, tu empresa mediana, con importación, pasaste a ser una empresa de servicios porque no manufacturás. Entonces, eso lo único que va a generar es pérdida y más pérdida de puestos de laburo. Lo que no creo es que en algún momento tenga piso ni techo, porque las realidades van a ir cambiando, creo que para peor».
De la euforia al terror: el impacto en la clase trabajadora
LMN: Más allá de los empresarios que apoyaron este modelo, ¿cómo está hoy la clase trabajadora? ¿Comprende el nivel de daño, considerando la caída de la imagen positiva del gobierno en las últimas encuestas?
AP: «El empresario de la euforia me dice: ‘Ahora somos nosotros’. Ah, che, pará, pará, no era lo que hablábamos… ah, nos está matando. Y hagamos cualquier cosa para tratar de salvar la economía de nuestra familia… en un momento, sin una unidad de negocio sostenible, pierden su estatus de clase. Entonces creo que están en este punto —quiero creer, ¿no?— donde están aterrados como los laburantes. Acá creo que la clase trabajadora entiende el daño que se hizo».
«Los compañeros que estaban bajo relación de dependencia y pasaron al sector desocupado, hoy tienen en su hogar, con suerte, tres o cuatro veces comida en la semana… con lo que eso significa para el padre de familia, para la mujer de hogar, que hoy conduce por el grado de desintegración del tejido de la familia que conocemos».
La resistencia sindical y el frente judicial
LMN: Con la reforma laboral ya votada, aunque frenada en parte por la justicia, ¿qué herramientas le quedan al sindicalismo para resistir este contexto de pérdida de derechos y aumento del costo de vida?
AP: «En este escenario queda claro que hay que movilizarse para poner temas en agenda. Si vos metés movilización permanente… la resistencia creo que son movilizaciones de masa. Creo que hay que seguir paralizando la reforma laboral en la justicia —un acierto enorme de la CGT— y en un contexto donde cada día el costo de vida es mayor, hay que enfocarnos en viralizar y trabajarlo mucho en los medios que todavía hagan periodismo de verdad y cuenten la realidad de lo que está pasando para poder ir generando conciencia para que el 27, con la salida política como corresponde en democracia, podamos tener otro gobierno».
El peronismo y el crecimiento de la izquierda
LMN: Ante el crecimiento de la izquierda en las encuestas, ¿qué debe hacer el peronismo para recuperar la adhesión popular y no seguir perdiendo terreno frente a otras opciones opositoras?
AP: «Mirá, yo en la izquierda veo compañeros. Veo gente que jamás ha votado en contra de los trabajadores. Veo gente que, si bien el pasado de algún sector de la izquierda siempre ha sido servir a los intereses de la derecha… no está bueno que en un ballotage sigan con la abstención en blanco, porque ellos son culpables de alguna manera de que Milei haya sido elegido presidente. Se tienen que hacer cargo del daño al no acompañar. Seguramente la reforma laboral no hubiera estado en un gobierno peronista; jamás llegó algo de esta profundidad».
«Para mí el gobierno de Menem no fue un gobierno peronista. Y la ley Banelco salió con el radicalismo. El intento de la ley Mucci con el gobierno de Alfonsín, también fue el radicalismo. Entonces, creo que no se puede achacar al peronismo… cuando el peronismo realmente gobernó, dio derechos, no quitó».
Un cierre entre salarios pisados y desocupación
La entrevista con Adrián Pérez deja una radiografía cruda: una industria «desgastada» y un pueblo «empobrecido». En el sur del Conurbano, el conflicto no es solo sindical, sino profundamente político. Con salarios estatales y privados «pisados» frente a la inflación y miles de trabajadores públicos al borde de la calle, el sector privado queda a merced de un mercado interno deprimido. La advertencia de la UOM Quilmes es clara: sin un cambio de rumbo, el riesgo no es solo la pérdida de empleo, sino la destrucción definitiva del tejido social y productivo de la región.