La luna de miel parece haber llegado a su fin. Según un relevamiento que consultó a nueve de los principales encuestadores del país, el presidente Javier Milei atraviesa su peor momento de imagen desde que asumió el cargo. Si bien los escándalos de corrupción que salpican al vocero Manuel Adorni y el caso $Libra golpean la línea de flotación ética del discurso «anti-casta», el verdadero lastre político hoy tiene nombre y apellido: Luis «Toto» Caputo.
Para especialistas como Federico Aurelio (ARESCO) y Roberto Bacman (CEOP), el deterioro es innegable. El factor clave no es solo la caída en la aprobación, sino el desplome de las expectativas personales. La frase «el esfuerzo vale la pena» está perdiendo fuerza frente a una realidad donde 7 de cada 10 argentinos declaran estar peor que hace seis meses.
El diagnóstico de los consultores coincide en que la economía libertaria ha entrado en una fase de «humor social negativo» que se retroalimenta con los errores políticos. Según Raúl Timerman (Grupo de Opinión), Milei ya perforó el piso de los 40 puntos, situándose en un 37% de aprobación frente a un 60% de desaprobación.
Uno de los puntos más reveladores del informe es la comparación entre el daño que generan las figuras del gabinete:
- Manuel Adorni: Su permanencia es vista como un costo alto debido a las contradicciones con el discurso de austeridad, pero algunos analistas, como Hugo Haime, sugieren que el Gobierno lo sostiene para evitar que la caída de una pieza de dominó arrastre a otras (como el caso Libra).
- Luis Caputo: Para la mayoría, el ministro de Economía representa el riesgo mayor. Artemio López (Equis) y Analía Del Franco coinciden en que el modelo económico actual no es autosustentable y que la dependencia de rescates externos genera una «tensión enorme» que Caputo no logra disipar.
Pese al escenario adverso, Eduardo Fidanza (Poliarquía) y Hugo Haime destacan que todavía existe un 30% de «núcleo duro» que resiste y atribuye las denuncias a operaciones de prensa. Sin embargo, la advertencia es clara: sin una mejora económica palpable en el corto plazo y con la corrupción asomando en el círculo íntimo, el capital político acumulado tras el triunfo electoral se agota a pasos agigantados.