En una nueva muestra de alineamiento con el relato británico, el Teniente General Carlos Presti relativizó el ataque criminal ordenado por Margaret Thatcher en 1982. Para el jefe militar de Milei, el hundimiento del Crucero General Belgrano, que costó 323 vidas fuera de la zona de exclusión, fue un simple «acto de combate».
El gobierno de Javier Milei sumó un nuevo capítulo a su política de desmalvinización y entrega de soberanía. Esta vez, el protagonista fue el Jefe del Estado Mayor General del Ejército, Carlos Presti, quien en una entrevista televisiva con el canal A24 dejó declaraciones que calaron hondo en el sentimiento de los veteranos y familiares de los caídos.
Al ser consultado sobre el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano, Presti evitó calificarlo como un crimen de guerra y, en cambio, respaldó la postura histórica del Reino Unido: «Estaban en combate y fue un acto de guerra», sentenció el militar, lavándole la cara a la decisión política de Margaret Thatcher.
La afirmación de Presti ignora —o decide omitir— un dato fundamental que la historia y la diplomacia argentina han sostenido por décadas: el General Belgrano fue atacado por el submarino nuclear HMS Conqueror cuando se encontraba fuera de la zona de exclusión total de 200 millas fijada por Gran Bretaña, y mientras el buque argentino navegaba con rumbo hacia el continente, alejándose de la zona de conflicto.
Al definirlo como un «acto de guerra» legítimo porque estaban «en combate», el Jefe del Ejército no solo contradice los hechos técnicos, sino que quita la responsabilidad criminal sobre la ex Primera Ministra británica, quien dio la orden directa de hundirlo para dinamitar cualquier posibilidad de acuerdo de paz.
Estas declaraciones no son aisladas. Se enmarcan en una gestión que ha mostrado una admiración explícita por figuras como Thatcher y que propone una «relación madura» con los usurpadores de nuestras islas, priorizando el comercio por sobre el reclamo de soberanía.
Para Presti, Malvinas fue el «motor» de su carrera militar, pero su discurso actual parece estar más cerca de la narrativa de la OTAN que de la defensa de los intereses nacionales. Al minimizar el asesinato de 323 soldados argentinos como una simple contingencia del combate, el jefe militar firma una claudicación ideológica sin precedentes en la cúpula de las Fuerzas Armadas.
El negacionismo malvinero ha llegado al corazón del Ejército Argentino. Mientras el gobierno habla de recuperar las islas «en el largo plazo», en la práctica se encarga de desmantelar el sustento moral y jurídico que sostiene nuestro reclamo frente al mundo.