Un informe de Inquilinos Agrupados revela un panorama devastador: el ajuste impulsado por el Gobierno Nacional y la desregulación del mercado mediante el DNU 70/2023 empujaron a la clase trabajadora a elegir entre pagar el techo o comer.
El mercado de viviendas en Argentina ha dejado de ser una cuestión de oferta y demanda para transformarse en una crisis humanitaria de baja intensidad. Según el último informe nacional de la organización Inquilinos Agrupados, el 70,9% de los inquilinos arrastra deudas, un dato que marca un punto de inflexión histórico donde el acceso a la vivienda ya no compite contra la inflación, sino directamente contra el hambre.
Lo que los especialistas denominan “desalojo económico” ya no requiere de una orden judicial. La combinación de aumentos trimestrales, expensas impagables (que en CABA promedian los $250.000) y el costo de vida asfixiante funciona como un mecanismo de expulsión invisible. El 17,2% de los consultados confirmó haber tenido que mudarse en el último año por la imposibilidad fáctica de afrontar los pagos.
La estrategia de supervivencia ha mutado hacia una precarización sistémica. El endeudamiento se volvió la única herramienta para llegar a fin de mes:
- El 53,2% tomó deuda para comprar alimentos.
- El 38,9% se endeudó específicamente para pagar el alquiler.
- El 65,1% recortó consumos básicos de comida para no quedar en la calle.
El impacto es dramático entre los jubilados: el 41,7% de los adultos mayores que alquilan realiza solo una o dos comidas por día, destinando casi la totalidad de su haber al pago del techo.
Para las organizaciones civiles, el responsable tiene nombre y apellido: la desregulación total tras la derogación de la Ley de Alquileres. Gervasio Muñoz, referente de Inquilinos Agrupados, fue categórico: “Estamos frente a una crisis ocasionada por la política económica y por el decreto 70/2023”. Bajo este esquema, el 70% de los contratos se actualiza cada tres o cuatro meses, licuando cualquier paritaria y consolidando una «segunda generación inquilina» que ve la casa propia como una utopía inalcanzable.
Frente a este escenario de asfixia, la organización gremial aparece como la única barrera ante la arbitrariedad de los precios de mercado. La crisis habitacional ya no es un problema de futuro, es una emergencia del presente que está rompiendo el tejido social argentino.