El endeudamiento familiar alcanzó en diciembre de 2025 su nivel más alto en 15 años, mientras que la Canasta Básica sigue su carrera ascendente por encima de la inflación general.
La economía argentina atraviesa un escenario de profunda tensión social. Los últimos datos publicados por el INDEC y el BCRA confirman que el programa económico de la gestión de Javier Milei ha impactado de lleno en la capacidad de pago y subsistencia de las familias. El dato más alarmante surge del sistema financiero: el endeudamiento familiar trepó al 9,3% en diciembre de 2025, la cifra más alta registrada desde el año 2010.
Este salto en la morosidad no es casual. El valor actual representa más del triple de lo registrado en diciembre de 2024, evidenciando un deterioro acelerado en solo doce meses de gestión. El incumplimiento en créditos personales y prendarios se ha convertido en la principal causa de este fenómeno, reflejando que los hogares ya no solo no llegan a fin de mes, sino que han dejado de cumplir con sus compromisos financieros básicos para priorizar el consumo diario.
Mientras el Gobierno sostiene su discurso de déficit cero, la realidad en las góndolas muestra una dinámica asfixiante. En enero de 2026, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó ingresos por $1.360.299 para no caer debajo de la línea de pobreza (Canasta Básica Total – CBT), lo que representa un aumento del 3,9% en un solo mes.
Sin embargo, el dato más crudo aparece en la Canasta Básica Alimentaria (CBA), para no ser considerada indigente, esa misma familia requirió $623.990, esta canasta registró una variación mensual del 5,8%, duplicando el ritmo del Índice de Precios al Consumidor (IPC) general.
Este diferencial entre la inflación general y la de alimentos demuestra que el ajuste está golpeando con mayor saña a los sectores más vulnerables, donde el gasto en comida representa la mayor parte del presupuesto.
La comparación histórica es tajante. Al alcanzar un 9,3% de endeudamiento, la economía familiar retrocede a niveles de hace 15 años, borrando los periodos de mayor estabilidad en el crédito al consumo. La política de liberación de precios y el rezago salarial han generado un efecto «pinza»: por un lado, el costo de vida sube por encima de los ingresos; por otro, la falta de liquidez empuja a las familias a un círculo vicioso de deudas que hoy resultan impagables.
Faltan dos años para las elecciones y el gobierno, si es que busca quedarse en el poder, deberá prestar finísima atención a estos datos y cambiar tajantemente esta realidad, sino, es probable que la tensión social aumente y el futuro es de verdad más que incierto.