La reforma laboral de Javier Milei sufrió un recorte clave. Tras el escándalo que generó la posibilidad de reducir salarios a trabajadores convalecientes, el oficialismo decidió eliminar por completo el Artículo 44 del proyecto de «modernización laboral». La medida, que buscaba achicar costos empresariales, chocó de frente con la realidad social y la falta de votos en el Congreso.
El núcleo del conflicto era la modificación de las licencias por enfermedades y accidentes inculpables. El texto original pretendía que, una vez vencidos los plazos básicos de licencia, el trabajador pasara a cobrar solo la mitad de su sueldo.
Con la eliminación de este artículo, se mantiene la vigencia plena de la Ley de Contrato de Trabajo (Art. 208), que garantiza el 100% de la remuneración durante todo el período de licencia (que puede ser de hasta 12 meses según la antigüedad y cargas de familia).
Uno de los puntos más criticados del Artículo 44 era su ambigüedad. El Gobierno intentó instalar la idea de que el recorte era para quienes se lesionaban en actividades «recreativas riesgosas» —el famoso ejemplo del partido de fútbol con amigos—.
Sin embargo, la letra chica era una trampa: No definía qué era una «actividad de riesgo», dejando en manos de las empresas la decisión de podar el sueldo y al ser un artículo general, terminaba afectando por igual a quien se esguinzaba jugando al fútbol que a un paciente en tratamiento oncológico, cuya licencia suele extenderse en el tiempo.
Desde una mirada crítica, esta marcha atrás demuestra que el ajuste «motosierra» encuentra su límite cuando intenta avanzar sobre la salud de los trabajadores. El Gobierno prefirió sacrificar este punto para no poner en riesgo el resto de la reforma laboral, evidenciando que, ante la resistencia, la «intransigencia» libertaria tiene matices.