La Confederación General del Trabajo y un duro documento en unuevo Día de las Trabajadora y el trabajador.
Aquí dejamos el texto completo del documento:
1º DE MAYO – DÍA DEL TRABAJADOR Y LA TRABAJADORA
EL TRABAJO ES CON DERECHOS O ES ESCLAVO
Hoy celebramos una nueva jornada en conmemoración del día de las y los trabajadores, con un homenaje al Papa Francisco, agitando su legado como guía, inspiración y compromiso por una comunidad constituida sobre la base del bien común. Esta fecha nos encuentra movilizados, transitando este momento que está viviendo nuestro país con preocupación y alarma.
Mientras se discute en el ámbito judicial una “reforma laboral” retrógrada, promovida por
el Gobierno Nacional, que despoja de derechos colectivos e individuales resguardados por nuestra Constitución a quienes trabajan, esta CGT continuará combatiéndola por todos los medios a su alcance.
A pesar del reciente fallo que dejó sin efecto la medida cautelar que suspendía la aplicación de la Ley 27.802, habilitando sus aspectos más lesivos, la enorme mayoría de los indicadores laborales, económicos y sociales resultan abrumadoramente negativos:
La actividad económica y el consumo evidencian caídas pronunciadas, especialmente en sectores clave como la industria, la construcción y el comercio. En este contexto, se observa la ausencia de estímulos orientados a promover iniciativas y procesos que impulsen una matriz productiva con mayor valor agregado, capaz de sostener el crecimiento y garantizar, al mismo tiempo, la igualdad de oportunidades.
Paralelamente, se priorizan políticas que favorecen a un grupo reducido de actores vinculados a la actividad financiera y especulativa. Este esquema distributivo habilita la obtención de ganancias extraordinarias para un sector minoritario y concentrado, mientras amplios segmentos de la población enfrentan niveles crecientes de pobreza y exclusión social.
En este marco, un modelo de desarrollo requiere necesariamente de la inclusión y de la inversión pública como pilares estratégicos. La marcada reducción de la obra pública — históricamente motor de la infraestructura y dinamizadora de la actividad económica en Argentina— condiciona las oportunidades productivas y limita la integración regional, profundizando las desigualdades territoriales.
Un gobierno nacional encerrado en sus teorías, que no convoca a una genuina participación y diálogo intersectoriales, que continúa implicando en sus decisiones a las generaciones futuras, rematando a precio vil el patrimonio de activos, recursos naturales y ecosistemas de nuestra patria. Se silencian del debate público los compromisos asumidos con el FMI, mientras se contrae una deuda bruta de tal magnitud con diversos organismos y acreedores internacionales que configura, para la administración nacional, un perfil de vencimiento de capital e intereses que el Estado argentino no está en condiciones de afrontar, ni siquiera en lo que respecta a los intereses que dicha deuda genera.
Al mismo tiempo, los ingresos tributarios siguen cayendo, producto de una recesión cada vez más profunda, con salarios bajos que deprimen el mercado interno. Esto deriva en nuevos ajustes, configurando un círculo vicioso insostenible.
Persiste, a pesar de la declamatoria oficial, un alto índice de inflación -del orden del 2% al 3% mensual- con topes a las paritarias que se homologan por debajo de esos índices, profundizando la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos. A esto se suma, la creciente brecha entre los indicadores “oficiales” y la experiencia cotidiana -la llamada “inflación de bolsillo”-, lo que deriva en una pérdida de credibilidad en los instrumentos de medición y sus ponderaciones, y exacerba el malestar social.
Se registra un cierre masivo de empresas: entre diciembre de 2023 y marzo 2026 cerraron 24.180 establecimientos, según datos de la Secretaría de Trabajo, lo que se traduce en una escalada trágica del flagelo de la desocupación y de la informalidad laboral.
Como una de sus consecuencias más preocupantes, se verifica un fuerte proceso de endeudamiento generalizado de personas, familias y empresas. Seis de cada diez hogares mantienen deudas -bancarias o informales-, con niveles de morosidad crecientes y cada vez más apremiantes.
El sistema de salud se encuentra en emergencia, con un marcado desfinanciamiento de las obras sociales sindicales y recortes sobre el PAMI, que afecta a jubilados y pensionados. Quienes además de percibir haberes paupérrimos, ven agravadas sus condiciones de atención ante la falta de médicos, las demoras en la asignación de turnos, los problemas de cobertura de medicamentos y un funcionamiento crítico del sistema que termina saturando los hospitales públicos. Del mismo modo, se deterioran gravemente las prestaciones destinadas a las personas con discapacidad, restringiendo el acceso a condiciones básicas de asistencia y vulnerando la aplicación de la Ley de Emergencia en Discapacidad.
Nos encontramos ante un deterioro doméstico y urbano que facilita el avance y la penetración del narcotráfico y de la inseguridad. Esto lleva a un aumento de las adicciones y problemas de salud mental.
El colectivo educativo, universitario y de la investigación científica y académica, atraviesa una profunda crisis, con sueldos cada vez más insuficientes, recortes presupuestarios y un marcado deterioro de sus infraestructuras. En este contexto, especialistas e investigadores abandonan sus profesiones, emigran o se ven obligados a multiplicar sus jornadas laborales.
Un gobierno que, en lugar de tender puentes de unión y reconocimiento, divide al pueblo. Promueve el enfrentamiento, la descalificación, el odio y el resentimiento. Un clima de violencia que, impulsado desde las más altas esferas, encuentra expresiones dramáticas incluso en las escuelas.
Debemos recuperar una cultura del encuentro, como enseñaba Francisco: “Abrirse a soñar cosas grandes, aunque parezcan imposibles. A que el mundo con vos puede ser distinto… ” . Crear y construir caminos y herramientas que nos permitan superar todas estas heridas y dificultades.
Esa es nuestra responsabilidad y nuestra tarea: imaginar y organizar una respuesta alternativa que nos conduzca hacia un país políticamente soberano, económicamente libre y socialmente justo.