Pizzaiolo Revelación del Año: Amasó sueños y se convirtió en el mejor de este 2026

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Quilmes y su gastronomía se posicionan gracias al trabajo de Alexis Forguez, el joven al frente de “Horno de Barrio”. Un pibe de Ezpeleta que hace días nada más recibió la distinción de ser «Pizzaiolo Revelación del Año» y se subió al podio en la categoría Pizza Romana in Teglia. Pero detrás de este logro hay una historia colectiva, de abrazos, de cansancio, de una mamá que fue inspiración, de un barrio que ayudo, de un estado que estuvo presente y una compañera que comparte con él cada paso.

Del Conurbano Sur

La semana pasada, el prestigioso Campionato Scuola Pizzaioli —el certamen de cultura pizzera italiana más importante de la región realizado en La Rural de Palermo— coronó una propuesta nacida en el sur del Conurbano. Alexis Forguez, el pizzaiolo al frente de «Horno de Barrio» (establecimiento que cuenta con dos sucursales, una en Quilmes Centro y otra en Ezpeleta), se alzó con dos galardones fundamentales: el premio a Pizzaiolo Revelación del Año y el tercer puesto en la categoría internacional de Pizza Romana in Teglia.

Conocer la historia de Alexis, además de sus celebrados logros, meterse en su camino, sus deseos, sus anhelos y sus carencias, nos ubica en el esfuerzo desplegado, en lo que se esconde detrás de las medallas conseguidas. Alexis Forguez mostró en una charla con La Matriz Noticias los recovecos de un proyecto que nació literalmente desde el piso, impulsado por el amor de una madre trabajadora, del esfuerzo de jornadas laborales de 16 horas y una profunda humildad barrial.

INAUGURACIÓN QUILMES

El motor de la historia: Su madre y los primeros pasos

«Yo arranqué muy de pibe, a los 16, 17 años. Mi vieja trabajó toda la vida en servicio de catering», relata Alexis con emoción. «Toda mi familia viene del palo gastronómico, mi vieja laburaba muchas horas, trabajaba de jueves a domingo en el servicio de catering y de lunes a sábado trabajaba en comercio. La veía muy poco, entonces era como un poco una ilusión para poder pasar más tiempo con ella, un día crecer y tener la posibilidad de trabajar en este ambiente en el que ella trabajaba. Es la persona que más me incentivó y que, como creo que le puede pasar a todos los jóvenes, mi mamá era como mi heroína, ¿viste? Mi mamá es una profesional de puta madre, hace unos productos excelentes, es una pastelera de primera línea. Y bueno, siempre creí y quería compartir su espacio de trabajo con ella, era un poco un anhelo que tenía cuando era muy chico».

Siguiendo esos pasos, Alexis comenzó desde el escalón más bajo: «Di mis primeros pasos en la gastronomía trabajando en el servicio de catering que trabajaba ella, como bachero y viéndola laburar me enamoré del oficio, la realidad que me gustó mucho».

El camino transitado fue tan gratificante como difícil, necesitó de compromiso y mucha esperanza. Armó el bolso y se fue dos temporadas a la costa bonaerense, trabajó en múltiples restaurantes en el centro de Quilmes —incluyendo el Parque Cervecero— y viajó a Córdoba para formarse bajo el ala del chef Marcelo Zalatino, a quien recuerda como uno de sus grandes mentores.

ALEXIS ARRANCANDO EL SUEÑO

Trabajar de lunes a lunes: «Tirarse a la pileta»

A los 21 años comenzó a estudiar gastronomía de manera formal, cabe señalar que esta historia tiene mucho de sacrificio y no es para cualquiera; para costear la carrera, trabajaba en relación de dependencia en un restaurante y, en simultáneo, gestionaba un emprendimiento propio vendiendo viandas en el Municipio de Quilmes. Si, Alexis fue uno más de esas personas que quienes habitan el municipio conocen bien y un poco estos éxitos tiene que ver son ese transitar. Allí fue conociendo las políticas públicas que disparaba el ejecutivo que comanda Mayra Mendoza para los proyectos de emprendedores, allí conoció a Ariel Domínguez y a Julián Bellido, quienes más tarde activaron para que Alexis reciba el apoyo de parte del estado comunal para en aquel entonces era solo un sueño.

El punto de quiebre llegó en plena pandemia. Mientras el auge de los panificados de masa madre explotaba en redes sociales, Alexis descubrió la pizza napolitana en un restaurante. En ese momento, mantenía un ritmo de vida demoledor: «Yo estaba trabajando en relación de dependencia, laburaba en dos restaurantes al mismo tiempo, en simultáneo, trabajaba de 8 de la mañana a 4 de la tarde en uno y de 4 de la tarde a 12 de la noche en otro, porque quedaban prácticamente muy cerca, entonces bueno, alternaba los horarios y trabajaba de lunes a lunes prácticamente».

Esa rutina extenuante encendió una fuerte convicción interna: «Hasta que decidí, me convencí de que yo haciendo eso, nunca iba a lograr tener mi propio negocio, que tenía que tomar las riendas de mi vida y decir bueno, hasta acá llegué, ya aprendí todo lo que tenía que aprender y hoy lo quiero poner en práctica y bueno, tirarme a la pileta, a aprender lo que faltaba aprender en el proceso. Y decidí armar Horno de Barrio, en medio de trabajar en los dos locales en simultáneo». Con la ayuda indispensable de su pareja, que es diseñadora gráfica, le dieron forma a los costeos, recetas y marcas de la propuesta que, tras llamarse originalmente Pizzería Popular, terminó mutando al nombre que hoy es marca registrada.

EZPELETA

La realidad desde abajo

Instalar un producto premium e importado como la pizza napolitana en una zona obrera como Ezpeleta no fue una tarea sencilla. Alexis explica que «la realidad es que costó muchísimo poder instaurarla en el barrio» porque en la zona «no existía la pizza napolitana». La clave del éxito radicó en la transparencia absoluta con la que se comunicaron con sus vecinos a través de las redes sociales, mostrando la verdad de su día a día sin caretas.

«Nosotros le generamos un valor agregado a la propuesta contando la historia nuestra, cómo nosotros crecimos, cómo nacimos, cómo le dimos vía al producto, cómo le dimos visibilidad, contando un poco que en un contexto de necesidad nosotros seguíamos, estábamos encarando un sueño, queríamos hacer visible la propuesta que estábamos generando a base de mucho trabajo y muchos sacrificios, sin la cantidad de herramientas que necesitábamos dentro de lo que teníamos, mostrábamos todo, la realidad. Hacíamos visible que trabajábamos con un horno que tenía sus falencias, que en algún que otro video podrás ver en nuestras redes sociales, que se nos destruía el horno por la temperatura que levantaba y por el uso que le dábamos, eso era porque teníamos mucho trabajo y lo contábamos, se lo mostrábamos a la gente, mostrábamos la realidad, la cruda realidad que vivíamos, que nos faltaban herramientas, nos faltaba un espacio, no teníamos mucho para exhibir, pero lo poco que teníamos lo hacíamos muy profesional».

Ese misticismo barrial es el corazón de la marca: «Horno surgió en el patio de mi casa, como te digo trabajando con un horno hecho realmente de barro, con ladrillo recauchatado de la calle que nos regalaban los vecinos, los amigos que sabían que estábamos construyéndolo con un par de caños reciclados también, soldamos una mesada, hicimos una base de cemento, luego le pusimos la tejuela refractaria, creamos nuestro primer horno de barro y le dimos vida a este proyecto».

A la par de la narrativa real, la estrategia comercial fue clara: competir contra la crisis ofreciendo máxima calidad a precios populares. «Siempre jugamos a trabajar con un producto de alta calidad, con productos importados, pero con un valor menor al que había en el mercado en general, ese era nuestro fuerte, llevar un producto excelente, de buena calidad, como se podría comer en cualquier restaurante, pero nosotros te lo llevábamos a tu casa, y lo hacíamos en el barrio, donde cualquier pizza valía en un restaurante 15 lucas y cuando arranqué mi pizza valía 4000 pesos, 5000 pesos. A nosotros nos generaba una fuente de ingreso, nos daba laburo y así surge un poco la idea de horno de barrio, de que la pizza napolitana llegue a todas las casas, no solamente a la gente pudiente que tenía la posibilidad de abonar lo que valía una pizza napolitana en un restaurante».

PRIMER HORNO

PRIMER HORNO

El futuro: Una escuela de formación para los jóvenes

Alexis podría solo pensar en lo que el futuro, con estos logros, le puede brindar, conseguir nuevos inversores, abrir locales, potenciar su marca y así conseguir más dinero, pero no, el muchacho que esperaba a que su madre vuelva de trabajar para estar más con ella y que se enamoró de este oficio, quiere contarle a las y los pibes del barrio como se hace, no quiere la fórmula de la Coca Cola, quiere un futuro de trabajo para todas y todos, necesita compartir.

¿De villa Augusta para el mundo?

Puede ser, pero el barrio tira y agradecer también: «Hoy por hoy me gustaría no solamente poder encarar un poco la sistematización de los procesos y de los conceptos que nosotros trabajamos, así como también poder crear capacitaciones y cursos para formar nuevos profesionales dentro de lo que sería Horno de Barrio. Es un poco de lo que estamos hoy metiéndonos, en lo que queremos encarar de acá a futuro, poder armar dentro de Horno quizás una escuela de formación profesional, y algo que no hay, una institución en la que tengamos la posibilidad de crear nuevos profesionales y permitirle a los jóvenes aprender este oficio que tanto me gusta a mí, y considero que puede ser el pie para que muchos se incentiven y vean que es la posibilidad de crear un emprendimiento y de crecer dentro de lo laboral, con lo que a uno le gusta, es muy posible».

Los trofeos obtenidos este fin de semana son, en palabras del propio Alexis,«el reconocimiento al trabajo constante y a la dedicación que venimos aplicando hace tanto tiempo». Un orgullo para todo Quilmes que demuestra que, con los pies en el barrio, la mirada fija en el trabajo y una humildad inquebrantable, los sueños colectivos se cumplen. Desde La Matriz celebramos todo, los premios, un estado presente y una Ezpeleta solidaria que hoy ve a uno de sus pibes triunfar feliz.

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