En un acto que escala la tensión religiosa y diplomática en Medio Oriente, el gobierno de Benjamin Netanyahu prohibió este domingo el ingreso del Cardenal Pierbattista Pizzaballa, máxima autoridad católica en Tierra Santa, a la Iglesia del Santo Sepulcro para celebrar la misa de Domingo de Ramos.
El bloqueo policial, denunciado por el Patriarcado Latino de Jerusalén, impidió el inicio formal de las celebraciones de Semana Santa, generando un repudio internacional inmediato. Desde el Vaticano calificaron el episodio como un «grave precedente» que ignora la sensibilidad de miles de millones de fieles en todo el mundo.
La medida fue tildada de «ofensa a los fieles» por la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, condenó la violación sistemática del estatus de los Lugares Santos bajo la gestión de Netanyahu.
Incluso dentro de Israel, sectores de la oposición denunciaron que el actual gobierno está rompiendo el statu quo histórico de la ciudad sagrada, convirtiendo la fe en un terreno de persecución política. Mientras tanto, el Papa León XIV pidió oraciones por los cristianos que, en medio de la guerra y la intolerancia estatal, hoy no pueden ejercer libremente su culto en la tierra donde nació su fe.