El ranking de septiembre ubica a Javier Milei entre los peores presidentes de América Latina

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El mandatario argentino cayó al puesto 14 de 18 jefes de Estado evaluados en la región por la consultora CB Global Data. Con un rechazo del 60,6%, el desgaste de la gestión libertaria debilita sus proyecciones de cara al escenario electoral.


La imagen pública del presidente Javier Milei sumó un duro revés internacional. El ranking de mandatarios latinoamericanos correspondiente al mes de septiembre, elaborado por la prestigiosa consultora CB Global Data, ubicó al líder de La Libertad Avanza en el fondo de la tabla de posiciones regional.

Los números del desgaste oficial

El relevamiento estadístico expone que Milei descendió abruptamente hasta ocupar el puesto 14 entre los 18 jefes de Estado medidos en el continente.

El humor social medido por la consultora arroja indicadores críticos para la Casa Rosada:

  • Aprobación en caída: Apenas un 35,5% de los ciudadanos argentinos respalda la gestión del Ejecutivo nacional.
  • Rechazo mayoritario: La imagen negativa y la desaprobación de su mandato trepó de manera contundente al 60,6%.

Estos números reflejan el severo impacto que el programa económico de ajuste, la licuación de ingresos y los sucesivos escándalos institucionales —como las controversias en torno a las reservas de oro del Banco Central y el fuero social— han generado sobre su base electoral de sustentación.

El contraste con la región

El fondo de la tabla latinoamericana encuentra al mandatario argentino muy rezagado de los liderazgos consolidados de la región. El listado continental es encabezado de forma indiscutida por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien ostenta un sólido 69% de imagen positiva.

En el segundo escalón se ubica el salvadoreño Nayib Bukele con el 66,2%, seguido por el colombiano Abelardo De La Espriella con un 53,6% de apoyo popular.

Con más de seis de cada diez argentinos dándole la espalda a sus políticas, Milei profundiza su aislamiento político interno. La pérdida drástica de su capital político central activa alarmas tempranas en el armado libertario, ensombreciendo de manera drástica sus expectativas de competitividad frente a la oposición.


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