En un giro inesperado que dinamita el relato de la «lucha contra la casta», la senadora Patricia Bullrich confirmó que el Gobierno de Javier Milei alcanzó un acuerdo con la CGT para modificar el proyecto de Reforma Laboral. A cambio de oxígeno parlamentario, el oficialismo aceptó mantener privilegios de la cúpula sindical, mientras sostiene los recortes sobre los derechos de los trabajadores de a pie.
Negociación en las sombras: ¿Qué le cedió Milei a «la casta» sindical?
Lo que Bullrich definió como un «acuerdo de sensatez» es, en realidad, una serie de concesiones clave para evitar el conflicto con los popes gremiales. El Gobierno aceptó introducir 28 modificaciones al texto original, entre las que se destacan:
- La caja intacta: Se mantiene la obligatoriedad de las cuotas de solidaridad, garantizando que las empresas sigan reteniendo fondos para los sindicatos.
- Aportes a obras sociales: No se avanzará, por ahora, en la desregulación total que amenazaba el financiamiento de las estructuras gremiales.
Este pacto deja en evidencia la fragilidad del discurso libertario: cuando los números no cierran en el Congreso, la «motosierra» se guarda y aparece la billetera para negociar con quienes, hace semanas, eran señalados como el principal enemigo del progreso.
Licencias por enfermedad: El «parche» ante el rechazo social
Tras el escándalo generado por el intento de recortar el cobro de licencias, Bullrich anunció que en enfermedades severas o degenerativas se mantendrá el 100% del salario. Sin embargo, la senadora volvió a cargar contra los trabajadores al justificar la intención inicial del recorte basada en la supuesta existencia de «certificados truchos».
Pese a este retroceso parcial, el Gobierno insiste en que, para accidentes fuera del ámbito laboral (como caerse en la calle de camino al trabajo), el sueldo se reducirá al 50%. Un castigo directo al bolsillo del laburante bajo la excusa de «productividad».
Un acuerdo que no frena la bronca en las bases
A pesar de las sonrisas entre Bullrich y los delegados de la CGT, el clima en las fábricas y empresas es de ebullición. Sectores como los Aceiteros y gremios combativos ya anunciaron medidas de fuerza, denunciando que la cúpula sindical entregó derechos históricos a cambio de mantener sus estructuras de poder.
El doble discurso es total: mientras Milei y Bullrich posan de intransigentes en las redes sociales, en los despachos del Senado se firman pactos con los mismos actores que prometieron combatir. La reforma que viene no es contra la casta, es un ajuste negociado entre las élites a costa del salario de los argentinos.