En plena efervescencia mundialista, el Gobierno nacional avanzó con una medida financiera de alto impacto. A través de un decreto oficializado a minutos de que la Selección de Lionel Scaloni y el rey del fútbol, Lionel Messi, salieran a la cancha para disputar su segundo partido del Mundial, el presidente Javier Milei abrió la puerta a un nuevo endeudamiento de hasta 5.000 millones de dólares.
La normativa habilita al Poder Ejecutivo a concretar operaciones de crédito público en moneda extranjera. La medida encendió alarmas no solo por el monto del pasivo, sino por las severas condiciones de resignación de soberanía jurídica que incluye la letra chica del texto oficial.
La estrategia temporal de la Casa Rosada no parece casual. Mientras el pueblo argentino mantenía su atención y expectativas concentradas de manera exclusiva en el avance del equipo liderado por Messi, el oficialismo aprovechó la distracción popular para firmar la toma de deuda externa.
Lo más grave de la medida radica en que el decreto acepta de forma explícita la jurisdicción de tribunales extranjeros frente a eventuales litigios futuros. De este modo, la administración libertaria somete al Estado argentino a las decisiones del Poder Judicial de los Estados Unidos, puntualmente a los tribunales de Nueva York, repitiendo esquemas de endeudamiento históricamente nocivos.
El decreto contempla, además, la renuncia expresa a la inmunidad soberana respecto de los reclamos vinculados a estos nuevos compromisos financieros. Esto significa que ante un eventual cese de pagos o reestructuración, el país carecerá de las herramientas de protección habituales en el derecho internacional, quedando expuesto a demandas directas en los juzgados norteamericanos. Con esta maniobra, la gestión de Milei acelera su plan financiero de captación de divisas a costa de resignar la soberanía jurídica nacional en el extranjero.