La ilusión de una recuperación económica parece quedar cada vez más lejos. Lejos de un «rebote», los datos de febrero de 2026 confirman que el consumo masivo en Argentina regresó a los niveles críticos de hace 18 meses. Según el último informe de la consultora Scentia, las ventas totales sufrieron una caída mensual del 6,3%, marcando una tendencia que no solo no mejora, sino que se profundiza mes a mes.
El escenario es alarmante: el hundimiento de las compras en supermercados, farmacias y autoservicios sitúa al consumo en su punto más bajo desde septiembre de 2024. Lo que comenzó como un enfriamiento se ha transformado en una recesión consolidada que golpea incluso a los productos de la canasta básica.
El ajuste en los hogares ya no discrimina entre gustos y necesidades. En el primer bimestre del año, los recortes más drásticos se observaron en:
- Bebidas sin alcohol: caída del 11,2%.
- Productos perecederos: baja del 8,6%.
- Desayuno y merienda: retroceso del 4%.
- Higiene y cosmética: -3,2%.
Incluso las farmacias registraron una caída estrepitosa del 9,1% mensual, lo que evidencia que la pérdida del poder adquisitivo está afectando el acceso a la salud y medicamentos esenciales.
Mientras el bolsillo de los trabajadores sufre una pérdida real del 7,3% en sus salarios, las promesas del Ejecutivo se dilatan en el tiempo. El presidente Javier Milei había asegurado inicialmente que para agosto la inflación comenzaría con 0 (cero). Sin embargo, durante su reciente gira por Hungría, el discurso cambió drásticamente: ahora el mandatario proyecta que ese objetivo recién se alcanzaría hacia el final de su mandato en 2027.
Esta brecha entre el discurso y la realidad se traduce en una mora récord. Según el BCRA, la irregularidad en los pagos de las familias alcanzó el 10,6%, mientras que en el sector fintech supera el 27%. Los argentinos se están endeudando para comer, en un contexto donde el desempleo ya trepó al 7,5%.
Los datos de febrero ratifican que no hay «luz al final del túnel» para el consumo interno. Con ventas en caída libre y una inflación que no da tregua, la consolidación de la crisis parece ser la única constante en una economía que sigue castigando a la clase trabajadora.