Por Víctor Alvero.
El presidente de la Nación, Javier Milei, se dirigió al pueblo argentino mediante el uso de la cadena nacional. En un contexto de ebullición política de cara a las elecciones nacionales de medio término y transitando una profunda crisis económica por falta de dólares y con el riesgo de terminar en una profunda recesión, el presidente apeló nuevamente a un discurso totalitario donde él es una especie de mesías y el resto, seres del mal que buscan destruir a las y los “argentinos de bien”.
El demoledor 12-0 de esta semana en la Cámara de Diputados puso al presidente al borde del colapso, no de manera institucional, pero si de manera simbólica. Para un gobierno que ha buscado por medio de los golpes, gases, persecución y linchamientos públicos digitales para “contener” a los sectores golpeados por sus políticas públicas, las derrotas políticas que sufrió en el ámbito legislativo lo ponen en riesgo.
Una cosa es tirarle las fuerzas policiales encima a viejas, viejos y discapacitados subidos a una campaña mostrándolos como terroristas o parte de un golpe de estado y otra muy distinta es recibir por parte de un poder de la República las condiciones a desplegar sobre sectores sensibles a los que, en su búsqueda rabiosa de un «supuesto» superávit fiscal, no solo ha desprotegido, sino atacado. La hora de la bravuconada pareciera ir rumbo a desaparecer como método de gobierno para las y los libertarios, se abre un juego democrático y Milei no quiere, ni pretende reconocerlo.
Ayer por la noche el presidente llegó al tope del absurdo, de aquí en más nada puede sorprender, anunció que enviará al parlamento un proyecto de ley donde busca nada más y nada menos que cercenar su capacidad de legislar. Sí, una ley para que el parlamento solo legisle a su favor y nada más.
Milei buscará que el poder legislativo sancione una ley para para penalizar la aprobación de presupuestos que incurran en déficit fiscal, es decir que, si el Congreso Nacional de forma legítima y democrática viera o reconociera en el accionar del gobierno políticas públicas que atenten contra el espíritu de la república o bien laceren a sectores haciéndolos correr serios riesgos, no pueda hacerlo. Ahora bien, ¿Qué sucedería si legisladores y legisladoras deciden continuar sancionando leyes que el gobierno considera atacan su famoso y “mentiroso” superávit fiscal? ¿Habría sanciones? No hay respuesta, como tampoco hay demasiadas explicaciones sobre lo que en definitiva es un “absurdo”.
El concepto totalitario del gobierno crece a medida que el tiempo pasa y los “famosos” logros se desdibujan en la mesa de las y los argentinos. Como nunca antes en los últimos 20 años las familias argentinas están endeudadas para “comer”, el desempleo crece y quienes salen del mercado formal laboral se zambullen en la famosa “economía de plataformas”, sin derecho alguno y sin la más mínima garantía social, ni para el trabajador precarizado ni para su familia. Los datos duros muestran que un ejército de desempleados en los últimos 16 meses, lo transcurrido por el gobierno anarco libertario, han decantado en el cuentapropismo, donde UBER y pedidos Ya hacen de la suyas. Por otro lado el poder de Mercado Pago crece tanto como su espíritu “usurero” ante el beneplácito oficial.
Las familias argentinas al borde sin que a nadie se le mueva un pelo.
“No hay plata” ha sido la muletilla de las y los libertarios, lo ha repetido el presidente una y mil veces a tal punto que ha logrado que los sectores populares la hagan suya, ahora, con el paso del tiempo, estos sectores lo viven en carne propia. El descontento y la desesperanza crecen, muestra fiel de esto es la baja participación en las últimas elecciones y esta carta, que duele y mucho después de lo que ha costado esta todavía joven democracia, es a la que el gobierno se aferra para poder conseguir un buen resultado en octubre.
Milei anuncio además un nuevo cambio en los asientos contables del gobierno, apuntalado por aquella decisión anunciada por el ministro Caputo y su gabinete en una cadena nacional por el mes de marzo de 2024, donde en un pase de magia hizo desaparecer las obligaciones del Banco Central trasladándolas al Tesoro Nacional, un pase de bolsillo, de una caja a otra, solo para conformar un relato y poder contar con la posibilidad de una nueva toma de deuda.
“El lunes firmaré una instrucción al Ministerio de Economía de la Nación para prohibir que el Tesoro financie el gasto primario con emisión monetaria. El Tesoro nacional, mediante este acto, no podrá solicitar dinero prestado al Banco Central para financiar su gasto”, anunció Milei creyendo que así podrá parar las demandas que día a día crecen. Busca ahora reeditar el “No hay plata”, desde el frío de un asiento contable, sin dar precisión alguna sobre la salud o gravedad de nuestra macroeconomía y microeconomía, porque además hay un juego perverso en su manera de gobernar, durante dos años consecutivos lo hace si presupuesto, de forma discrecional, donde el resultado se repite una y otra vez, los que ganan son unos pocos y siempre los mismos.
Ante un discurso totalitario donde él, y solo él, representa a los “argentinos de bien”, Milei apuesta a la violencia como modo de solucionar los conflictos, afirma de manera amenazante, en su carácter de presidente y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas: “Me vana tener que sacar con los pies para adelante”.
¿Quién querría sacarlo con los pies para adelante? ¿La CGT, parte del peronismo dialoguista, la UCR, la Cámpora? ¿La famosa casta que miró para otro lado asistiéndose con la famosa coartada de la gobernabilidad? ¿Lo querrán sacar hombres y mujeres de más de 70 años, discapacitados, docentes universitarios, científicos, trabajadoras y trabajadores de los comedores populares? ¿Qué quiere decir con “los pies para adelante”?
El presiente juega al juego que mejor juega y más le gusta, la tensión.
No hay ni de cerca un espíritu destituyente en el ambiente y mucho menos un escenario violento. Lo que busca el presidente con un discurso totalitario en cadena es lanzar una nueva campaña de persecución, ahora montado en el “supuesto” peligro de un “golpe de estado” que propiciaría el parlamento, solo por legislar.
Son miles las familias argentinas que se han visto beneficiadas por las políticas del gobierno y millones las que no, es solo un ejercicio matemático después de 18 meses de gobierno anarco libertario, cuántos ganan y cuántos pierden. Apelar a la frase “con los pies para adelante” es una amenaza por un lado y una tonta victimización por el otro, mucho más si se tiene en cuenta que son decenas las personas muertas a la espera de los medicamentos que su gobierno les quitó.
La economía, o la macro como a él le gusta señalar, convive en un tablero donde el endeudamiento externo ha sido su anclaje real, no hay recuperación económica y consistente, el RIGI hasta aquí ha fracasado y el plan de estabilización que tanto se pondera, si se lo compara con otros del pasado, ha sido poco consistente. La inflación volverá crecer en julio y agosto, el gobierno lo sabe y por esto apuró homologaciones de acuerdos paritarios con el sector privado que a estas alturas han quedado nuevamente insuficientes. El BCRA no logra hacerse de divisas y solo puede mostrar su “solidez” gracias los préstamos que le otorga el FMI por cuestiones de geopolítica que parten desde el gobierno de Donald Trump, el mismo que en 2018 le abrió las puertas al gobierno de Mauricio Macri para un mega endeudamiento que hipoteca el futuro de argentinas y argentinos.
El plan Milei es endeble, flácido, inconsistente, además de peligroso.
El miedo por el resultado de octubre próximo hunde al ejecutivo en las aguas tenebrosas del miedo, sosteniendo las banderas de la escuela austríaca que para las ciencias económicas siempre ha sido marginal e imposible de llevar a la práctica.
En algunas semanas se cumplirán 52 años desde que Salvador Allende salió “con los pies para adelante” de la Casa de la Moneda en Santiago de Chile, luego de aquel siniestro y triste episodio el mundo conoció la violencia del neoliberalismo para los sectores populares, de Chile en un principio, de Argentina tres años después y hasta de los pueblos trabajadores de la Gran Bretaña y de los EE UU, cuando Margaret Thatcher y Ronald Reagan hicieron suya la escuela del Milton Friedman.
Décadas después, en el escritorio del presidente Milei, un portarretrato tiene las imágenes de la dama de hierro y el paupérrimo actor que decantó en presidente de la potencia del norte, un síntoma o una declaración de entrega, suya, propia e individual, lejos de los intereses patrios y el bienestar del pueblo todo. Desde ese escritorio, ayer, el presidente de todas y todos, amenazó con un fantasma violento que, como todo fantasma, no es real, tan irreal como hablar con perros muertos.