Las consecuencias del modelo económico de Javier Milei avanzan sobre los sectores más vulnerables. El endeudamiento familiar en la Argentina alcanzó un punto límite bajo una premisa alarmante: hoy en día, financiarse no es sinónimo de progreso, sino una herramienta de supervivencia extrema. La asfixia de los ingresos reales provocó que millones de personas recurran a las tarjetas o a préstamos pequeños con el único fin de comprar alimentos y cubrir consumos básicos del día a día.
Radiografía de un sistema que expulsa a las familias
Un informe de la consultora 1816, estructurado sobre los microdatos de la Central de Deudores (Cendeu) del Banco Central, confirmó el peor escenario: mayo de 2026 marcó el decimonoveno mes consecutivo de aumento en la morosidad crediticia.
Bajo la doctrina del libre mercado, las entidades bancarias tradicionales y las fintech operan sin mayores riesgos, blindando sus estructuras comerciales. Quienes pagan los costos totales de este esquema neoliberal son los hogares particulares.
- El salto de la mora: En octubre de 2024, la irregularidad entre las familias era de un ínfimo 2,5%. En apenas un año y medio se multiplicó por cinco, trepando al 12,7% en bancos tradicionales.
- Fintech y billeteras virtuales: En el sector no bancario (donde los sectores de menores recursos suelen calificar ante la falta de empleo formal), la morosidad escaló a un alarmante 32,2%.
- El efecto expulsión: El 27% de las personas con financiamiento vigente acumuló más de 90 días de atraso. Esto representa una masa estimada por el Banco Provincia de 6,8 millones de argentinos totalmente fuera del sistema crediticio.
- Juventud hipotecada: Los datos de la consultora exponen que el 40% de los jóvenes de entre 26 y 35 años mantiene alguna deuda vencida. La cifra de morosidad asciende al 42,8% en la franja de 18 a 25 años.
Este salto abrupto e histórico no registra precedentes estadísticos similares desde la salida de la Convertibilidad en el año 2001. Dos millones de personas cayeron en este pozo de exclusión financiera únicamente durante los últimos ocho meses.
Un mercado de supervivencia
Mientras el sector financiero acumula ganancias millonarias mediante la especulación y tasas de interés usureras en plataformas alternativas, las familias se desmoronan bajo el costo de vida. La caída real del salario promedio frente al encarecimiento de los bienes indispensables obligó a la población a «tarjetear» la comida diaria o los medicamentos esenciales.
Frente a esto, el Banco Central de la República Argentina, manejado por la actual gestión, minimiza el conflicto aduciendo que la economía entrará en un «ciclo de crédito más selectivo, saludable y sostenible». En términos prácticos, «selectivo» implica que el financiamiento formal quedará reservado en exclusividad para quienes conserven un poder adquisitivo alto, formalizando de este modo la exclusión permanente de casi 7 millones de ciudadanos marginados por el propio modelo.