Como nunca antes el gobierno anarco libertario que conduce Javier Milei se muestra endeble y sin respuestas ante los malos datos económicos, la última semana de octubre dejó la amarga sensación que la crisis finalmente llegará y que, a diferencia de otras, su magnitud en daño es impredecible.
El Riesgo País sube sin parar y esta semana quedó al borde de los 800 puntos básicos, alcanzando los 789, es decir, casi un 30% más de cuando arrancó el mes 10 del año. El índice que elabora el JP Morgan, que funciona claramente como uno extorsionador para los países con deudas, mide la capacidad de pago que tienen los estados para cumplir con sus obligaciones y lo construye monitoreando la desconfianza de los actores financieros que movidos por el temor o la codicia salieron a desprenderse de títulos argentinos.
Lo que el JP Morgan está diciendo es que el estado argentino no podrá afrontar el próximo año el pago de sus deudas, en resumen, después de tres años de ajuste tras ajuste, generando un escenario extremo para comunidades como la universitaria, de la ciencia, la salud y colectivos como jubilados o discapacitados ha sido insuficiente, aun con todo este dolor, Milei no logró ni bienestar para las grandes mayorías ni el orden macroeconómico que afirmó haber conseguido.
El JP Morgan es el banco más importante de los EE UU, es el actor financiero más poderoso del mundo, su índice sobre el riesgo crediticio es un mensaje claro y directo de los sectores concentrados de la economía a nivel global y en estos últimos días nos dice a todas y todos los argentinos que el dolor se profundizará. Para una economía en recesión, sin inversión, con baja recaudación y empresas y familias endeudadas, y con un gobierno que tiene eje en un dogma, solo se puede esperar una profundización de estas políticas de ajuste y un brote político “interno” que solo avivará la crisis.
La caída en bonos y acciones esta semana son muestra fiel de la inestabilidad global y es prueba que los dogmatismos económicos son la más letal de las recetas. El triunfo de Lula en Brasil hizo que las carteras se reacomodaran, el mal balance de la gigante tecnológica INTEL movió fuerte los mercados internacionales que además, están expectantes de lo que sucederá en los EE UU con las elecciones de medio término donde Trump se juega su futuro próximo, todo esto, más trastornos internos como la confirmación técnica de una recesión o problemas de liquidez para afrontar obligaciones, afectó nuestros bonos soberanos y las acciones de las empresas nacionales que operan en el mercado internacional y allí el JP Morgan exhibió el accionar de la impersonalidad financiera, de su codicia, de su voracidad, que al desprenderse de bonos soberanos comenzaron a presionar por tasas más altas para reciclar la bicicleta financiera.
Dentro de nuestras fronteras, el dato que emerge y preocupa es la cantidad de dólares que las y los argentinos compraron durante septiembre. Según el último informe del Banco Central de la República Argentina, la demanda total de las personas humanas alcanzó los U$S 3.410 millones, una cifra que ha ido creciendo con el correr de los meses como un claro síntoma del agravamiento de la crisis. En lo que va de 2026, las compras brutas de billetes ya suman la alarmante cifra de U$S 23.794 millones y asoma el cuestionamiento por la eliminación del cepo a las personas físicas: ahora hay que juntar las divisas para pagar los vencimientos y esa plata no está. Faltan pocas semanas para que comience una nueva temporada de vacaciones y ahí, seguramente, tendremos un nuevo drenaje de dólares, esta vez para solventar gastos en el exterior. Esto sucederá inevitablemente si se tiene en cuenta que costará, por tercer año consecutivo, menos dinero viajar afuera que quedarse en el país. ¿De dónde saldrán esos dólares? Nadie lo sabe. ¿Está pensando el Gobierno en cuidar los dólares que tiene? Nadie lo sabe.
Faltan dólares porque las divisas de las exportaciones se van enteramente en el pago de la deuda, y porque en el caso de varios sectores estratégicos, como la energía y la minería, se exporta más, pero se tributa menos al calor de las políticas de la libertad libertaria. Lo que se conoció esta semana sobre el caso de Catamarca es el ejemplo más extremo: la exportación minera supera el 94% de las exportaciones totales de la provincia; sin embargo, las regalías registradas no representan ni el 0,46% de sus ingresos públicos totales. El modelo libertario promueve el saqueo legalizado: recursos naturales que se van en barcos, corporaciones que multiplican sus ganancias extraordinarias y arcas fiscales completamente vacías.
Hay una bomba y todo indica que explotará. No sabemos la dimensión del daño que provocará, aunque podemos, al menos, marcar algunas de las consecuencias directas que sufriremos. El Gobierno sabe, como lo sabemos todas y todos, que el mercado le exige un dólar más caro: las empresas lo piden para mejorar su rentabilidad y los especuladores para asegurar su ganancia. Pero el Ejecutivo también sabe que los precios se incrementarán al ritmo de la devaluación, lo que decantará en una nueva disparada de la inflación y en un aumento inmediato de la pobreza y la indigencia. En una economía en recesión, con más de 30 mil empresas cerradas y con salarios congelados, el cóctel es tan explosivo como peligroso. No hay forma de que una devaluación mejore la actividad si se implementa sin un plan integral para todos los sectores; al contrario, lo que se intente corregir en términos financieros, se desordenará irreversiblemente en términos políticos y sociales. La bomba está ahí. Mejor dicho: la bomba está aquí.