La Residencia Presidencial de Olivos se convirtió en el escenario de una drástica reestructuración de su personal de servicio. Sin previo aviso ni justificaciones administrativas formales, alrededor de una docena de empleados civiles —incluyendo mozos, cocineros y personal de mantenimiento de áreas verdes— fueron removidos de sus cargos de forma simultánea.
La drástica e irrevocable determinación afectó a trabajadores que contaban con décadas de antigüedad prestando funciones institucionales bajo distintas administraciones de diferente signo político, hasta despidieron a un empleado discapacitado con muchos años de antiguedad.
Las versiones sobre el motivo detrás de esta drástica purga interna cobraron fuerza tras trascender que uno de los perros de Javier Milei debió recibir asistencia de urgencia en la unidad veterinaria montada dentro del predio a causa de un cuadro de intoxicación alimentaria. Ante la indisposición de la mascota, el mandatario interpretó el cuadro clínico como un ataque deliberado e interno hacia sus animales por parte de supuestos «infiltrados».
Debido a la imposibilidad material de individualizar la procedencia del alimento en mal estado, la solución adoptada por la Jefatura de Estado consistió en remover la totalidad del personal que operaba en las cocinas y comedores de la residencia oficial.
Distintos analistas políticos señalaron que este tipo de reacciones extremas deja en evidencia un alto nivel de inestabilidad y fragilidad en los esquemas de confianza y toma de decisiones en la cúspide del Gobierno, asimilando la dinámica del poder actual a la de un régimen absolutista que prescinde de las normativas laborales de los empleados públicos mediante impulsos intempestivos.
La purga del personal coincide temporalmente con la circulación de informes sobre compras masivas destinadas al aprovisionamiento de la Quinta de Olivos. Recientemente, trascendió que la Secretaría General de la Presidencia coordinó partidas millonarias para la adquisición de toneladas de cortes cárnicos de consumo general, lo que generó cuestionamientos sobre el nivel de erogación en la residencia privada en contraste con las políticas de austeridad aplicadas a las partidas sociales y presupuestarias del resto del Estado.
El desplazamiento total de los testigos cotidianos de las dinámicas internas de Olivos refuerza el aislamiento político y físico del presidente en su lugar de residencia habitual.