El presidente de la Cámara exigió retirar los afiches con la consigna «Las Islas Malvinas son argentinas» alegando que «dañan la pared».
En el inicio de una intensa jornada parlamentaria abocada al tratamiento de la Ley de Inocencia Fiscal II y la Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, desató un fuerte escándalo al prohibir unilateralmente el pegado de carteles que reivindican la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. El insólito argumento utilizado por el legislador riojano fue que los afiches “dañan la pared” y que el edificio histórico histórico merece respeto.
La pantalla de los buenos modales
El cruce se produjo cuando el diputado de izquierda Nicolás del Caño intentaba colocar una bandera con la histórica consigna soberana en los muros del recinto, mientras otros bloques opositores ubicaban carteles similares en sus bancas. Menem interrumpió de inmediato la acción sentenciando: “Se daña la pared, diputado… se merece respeto el edificio también”. Detrás de esta pretendida búsqueda de orden y cuidado estético, se esconde la verdadera cara del oficialismo: un profundo desinterés por la causa nacional y una marcada actitud de subordinación cultural y diplomática que rechaza los símbolos más sagrados de la Patria.
El cinismo y la entrega ideológica
Esta postura cipaya de las autoridades parlamentarias libertarias no es casual. Ocultos detrás de una fachada de supuestos buenos modales institucionales, intentan invisibilizar y censurar el reclamo inclaudicable por nuestras islas. La utilización de excusas edilicias para acallar una manifestación de soberanía legítima deja en evidencia el alineamiento ideológico de un sector político que prefiere proteger la pintura de una pared antes que defender los derechos históricos y la memoria de los caídos en el Atlántico Sur.