El trabajo en las aplicaciones de delivery en Argentina exige un sacrificio cada vez mayor. Un informe reciente de la Fundación Encuentro reveló que un repartidor necesita completar 453 entregas mensuales para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) de un hogar de cuatro integrantes. Para no caer en la pobreza de forma individual, el piso se ubica en 147 pedidos al mes.
El estudio toma como base una remuneración promedio de $3.165,20 por viaje. Sin embargo, este cálculo representa un piso teórico, ya que no descuenta los gastos operativos diarios que afrontan los trabajadores, tales como combustible, mantenimiento del vehículo, telefonía y seguro. Además, los costos asociados a la vida cotidiana agravan la situación: pagar un alquiler promedio demanda 250 viajes, mientras que el costo de crianza de un hijo exige 175 entregas adicionales.
Tarifas congeladas frente a la inflación
El estancamiento de los ingresos se debe principalmente al comportamiento desigual de las empresas de plataforma. Compañías como Rappi mantuvieron congelado el valor de sus viajes desde finales del año pasado, provocando que cada aumento en el costo de vida obligue a los repartidores a trabajar más horas para obtener el mismo ingreso.
Esta modalidad laboral opera bajo una fuerte precarización y desregulación, ya que las empresas consideran a los repartidores como «trabajadores independientes». Al negarles derechos básicos como vacaciones, aguinaldo o cobertura por accidentes laborales, el modelo sigue bajo constante revisión y tensión en el ámbito judicial de la provincia de Buenos Aires.