La muerte de Carlos Alberto «El Indio» Solari sacudió los cimientos de la cultura popular argentina. Sin embargo, la despedida del artista más convocante de la historia nacional quedó envuelta en una profunda polémica política. El Gobierno de Javier Milei se negó rotundamente a ceder la Casa Rosada o cualquier otro edificio público nacional para realizar el velatorio. Según trascendió desde los pasillos de Balcarce 50, la orden de rechazar el homenaje respondió exclusivamente a motivos ideológicos, debido a la pública afinidad peronista del músico. El oficialismo nacional tampoco decretó duelo oficial.
Ante el faltazo de la administración central, la Provincia de Buenos Aires asumió la organización del funeral popular. El epicentro del último adiós es el Polideportivo José María Gatica, ubicado en Villa Domínico, partido de Avellaneda. Allí se montó una estructura de contención para recibir a una marea humana incalculable que desafía las inclemencias del tiempo.
Una marea ricotera incesante bajo la lluvia
Organizadores del evento afirman que cerca de 15.000 personas por hora ingresan al predio para despedir al líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. A pesar de la intensa lluvia que azota al Área Metropolitana, miles de fanáticos de todas las edades armaron una vigilia kilométrica en las inmediaciones del polideportivo, transformando el dolor en una auténtica «misa ricotera»
Esta situación expuso una vez más la profunda grieta política que propone el Gobierno nacional. La insensibilidad oficial ante una pérdida cultural de esta magnitud evidencia una gestión que prefiere jugar el rol de verdugo de sus adversarios políticos, ignorando el sentimiento de millones de sus propios compatriotas en pos de una disputa ideológica intransigente.