Entre el ajuste y las privatizaciones, Milei dio un discurso de compromiso forzado por Malvinas

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El Presidente ató el equipamiento de las FF.AA. a la venta de empresas estatales y evitó la vigilia en Tierra del Fuego.

En el marco del 44° aniversario de la Guerra de Malvinas, el presidente Javier Milei encabezó un breve acto de cinco minutos desde la Ciudad de Buenos Aires. Lejos de la histórica vigilia en Río Grande —donde se mostraron juntos los gobernadores Axel Kicillof, Gustavo Melella y Ricardo Quintela—, el mandatario nacional optó por un mensaje de tono institucional que, sin embargo, dejó traslucir las contradicciones de su gestión.


El anuncio central de Milei fue la creación de un fondo para el reequipamiento de las Fuerzas Armadas, pero con una condición ambiciosa: el 10% de los ingresos provenientes de las privatizaciones de empresas públicas se destinará a la compra de armamento. De esta manera, el fortalecimiento de la defensa nacional queda atado al éxito de su plan de desguace del Estado.


Pese a su confesa admiración por Margaret Thatcher, la presión del consenso social obligó a Milei a sostener el reclamo histórico de soberanía sobre las islas. El Presidente calificó la disputa como una «situación colonial» y cuestionó el avance británico sobre el petróleo en la cuenca Malvinas Norte, donde empresas como Rockhopper y Navitas planean inversiones millonarias.


Sin embargo, el discurso «soberano» choca con la realidad diplomática. La política exterior de la Casa Rosada ha generado tensiones con bloques clave:

  • Mercosur: El distanciamiento con Lula Da Silva permitió que Brasil firmara un acuerdo estratégico con el Reino Unido.
  • Naciones Unidas: El alineamiento total con EE.UU. e Israel, votando contra reclamos históricos de África e Irán, debilita los apoyos internacionales que Argentina necesita para su reclamo en el Comité de Descolonización.

Con una promesa de distinción simbólica para los veteranos recién en 2027, el Gobierno intenta saldar una «deuda histórica» mientras el ajuste económico y el aislamiento geopolítico parecen ir en sentido contrario al fortalecimiento real de la soberanía.


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