El Presidente respaldó el pedido de Luis Caputo para crear una ley que castigue a la prensa y descargó una catarata de insultos durante ocho horas.
El gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más delicados y, ante la evidente desesperación por no encontrar logros económicos que beneficien a las grandes mayorías, la gestión libertaria vuelve a cerrarse sobre su peor cara: la violencia y la disputa constante. En una nueva muestra de hostilidad, el Presidente dedicó más de ocho horas a replicar y emitir agresiones verbales contra los trabajadores de prensa, rompiendo una vez más sus promesas previas de moderación.
El refugio en la violencia ante la falta de respuestas
La furia presidencial, potenciada a través de las redes sociales, incluyó descalificaciones graves donde tildó a los periodistas de «mierdas humanas mentirosas» y «soretes». Lejos de ser un hecho aislado, este comportamiento refleja una estrategia de distracción política: ante el aumento de la morosidad familiar, la caída del consumo y la persistente crisis social, el Ejecutivo opta por inventar enemigos internos en lugar de ofrecer soluciones macroeconómicas reales.
Una ley para censurar y castigar a la prensa
El conflicto escaló a niveles institucionales cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, propuso públicamente la creación de una ley para castigar judicialmente a los periodistas que difundan información que el oficialismo considere «inexacta» o «sin sustento». Lejos de defender la bandera de la libertad que pregonaba en campaña, Milei respaldó de inmediato la propuesta de Caputo, demostrando la peligrosa intención del Estado de regular y disciplinar las voces críticas.
Con un índice de odio hacia el periodismo que el propio mandatario ubicó de forma caprichosa en un 96,7%, el Gobierno expone un preocupante aislamiento. La intolerancia y el desprecio por la libertad de expresión parecen ser las únicas respuestas de una gestión que se desmorona en lo económico y se radicaliza en la agresión cotidiana.