El escenario político de cara a las próximas elecciones presidenciales expone una profunda fragilidad para el oficialismo. De acuerdo con el último Monitor Sociopolítico y Electoral elaborado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la UBA, el 61% de los ciudadanos consultados en julio afirmó que desea un cambio de gestión en 2027.
El contundente rechazo en las urnas encuentra su origen en un modelo económico que, lejos de estabilizar la situación, no ha dado ninguna muestra de mejora estructural. Por el contrario, la realidad diaria de los argentinos se ve golpeada por una inflación que vuelve a presionar los bolsillos, un goteo incesante de despidos masivos y el cierre definitivo de pequeñas y medianas empresas. Sin paritarias ni aumentos salariales reales que logren recomponer el poder adquisitivo destruido, el descontento social se consolida.
A pesar de que el informe técnico advierte que esta pérdida de apoyo oficialista todavía está dispersa y no se traduce de manera lineal en un liderazgo opositor dominante, la precariedad del Gobierno de cara a la disputa electoral es un hecho insoslayable. La capacidad de retención de sus propios votantes históricos será el principal obstáculo para La Libertad Avanza si la crisis socioeconómica continúa profundizándose.