El dogma de «no gastar lo que no se tiene» que promueve el gobierno anarco-libertario de Javier Milei impactó de lleno en la microeconomía de los hogares argentinos. Un reciente informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA) reveló que la morosidad familiar alcanzó su nivel más alto en dos décadas, exponiendo el dramático costo social del ajuste.
Según el último Informe sobre Bancos publicado por el BCRA, el indicador de irregularidad en los créditos familiares se disparó al 12,8% en mayo de 2026. Esta cifra representa casi el triple del 4,5% registrado en mayo de 2025. Los sectores más afectados por el ahogo financiero son los jóvenes de entre 18 y 25 años, donde el nivel de endeudamiento impago supera un alarmante 40%.
El daño de las políticas de Javier Milei en los hogares
La recesión inducida, la caída real de los salarios y la licuación del poder adquisitivo destruyeron la capacidad de pago de los trabajadores. Mientras que hace dos años las familias destinaban menos del 9% de sus ingresos a saldar deudas, hoy deben comprometer el 24% de sus entradas mensuales sólo para financiar compromisos previos.
El impacto de las medidas económicas de la gestión libertaria se evidencia en indicadores desesperantes:
- Tarjetas y préstamos al límite: Los préstamos personales registran una morosidad del 15,9% y las tarjetas de crédito treparon al 13,1%.
- Quema de ahorros: Datos previos del INDEC señalan que el 37,4% de las familias recurrió a sus ahorros de toda la vida para costear gastos cotidianos básicos.
- Financiamiento para sobrevivir: El porcentaje de población forzada a pedir préstamos en financieras se cuadruplicó en lo que va del siglo, saltando del 3,4% al 14,2%.
Superávit fiscal a costa del hambre y las deudas
El relato oficial celebra el equilibrio fiscal macroeconómico bajo la lógica de administrar el Estado como una empresa. Sin embargo, la realidad de la calle demuestra la teoría de la «sábana corta»: al achicar el gasto público, las familias quedan totalmente desprotegidas.
Hoy los argentinos se enfrentan a un dilema diario inviable: pagar deudas en ascenso o comprar comida. El modelo anarco-libertario generó una alarmante paradoja macroeconómica: un país con números públicos en verde, pero con una sociedad sumida en el rojo financiero.