El valle de silicio

Por Juan Pescio.

En la bahía de San Francisco de California se encuentra la sede de las compañías líderes y emergentes de la industria de la electrónica y el software. Silicon Valley alberga a Google, Microsoft, Apple, Facebook, HP, Netflix entre miles de start-ups y distintos centros de investigación de relevancia. Sin lugar a dudas podemos arriesgar que, desde allí, se imprimen rasgos centrales que adoptó el capitalismo en las últimas décadas.

El origen de Silicon Valley, al contrario de lo que señala la discursiva dominante, se encuentra directamente relacionado con agencias, órganos o entidades del estado nacional estadounidense. En un principio, en los años cincuenta, la Universidad de Stanford cedió terreno sin utilizar para desarrollo inmobiliario e intelectual, el cual fue utilizado por la NASA (siglas en inglés de ‘Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio’), y por la Marina. Pero mediante un programa de incentivo a graduados, el cual les proveía capital de riesgo para que puedan realizar su despliegue inicial, lograron convencer gradualmente a jóvenes, entre los que se encontraban William Hewlett y David Packard.

A este incentivo original por parte de políticas públicas se le suman coyunturas macroeconómicas que propiciaron momentos de crecimiento exponencial. La baja tasa de interés existente post crisis del 2008 en la economía estadounidense, sumando a la alta emisión monetaria dio creó la motivación en la inversión de riesgo por parte de aquellos actores que iban en búsquedas de mayores márgenes.  

Aquí la primera columna de Juan Pescio

Todo esto expone con claridad cómo, tanto en su origen como en sus momentos de mayor extensión, existió una combinación de medidas macroeconómicas, programas de incentivo desde el Estado, así como inversores dispuestos a afrontar riesgo y empresarios creativos con personal altamente calificado. Al mismo tiempo que es justo señalar que la nación que hospeda y genera estas condiciones tiene posición dominante en el mundo, cuestión significativa a la hora de pensar las oportunidades que esto puede proyectar a la hora de discutir contratos, licitaciones, términos de asociaciones, etc. Es importante considerar lo expuesto anteriormente a la hora de pensar políticas públicas que propicien ganar terreno en la soberanía tecnológica de nuestro país, pero es claro que difícilmente podamos encontrar un modelo a seguir, un conjunto de iniciativas a incorporar.

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La French Tech

                Cientos de ciudades y provincias alrededor del globo se postulan como la nueva Silicon Valley:  Santiago de Chile, Mendoza, ‘Silicon Cape Town’ en la Ciudad del Cabo, Nairobi, Tel Aviv, Haifa, Miami, Berlín, Houston, Bangalore, y un largo etcétera. En particular en esta ocasión vamos a hacer foco en un entramado tecnológico singular que pueden servir como faro a la hora de proyectar política de desarrollo de tecnología informacional en Argentina.

Francia, mediante la marca “La French Tech” impulsa mediante fondos públicos su infraestructura dedicada a la valorización de los datos. Este ecosistema tecnológico consta de 13 capitales tecnológicas francesas, 45 comunidades tecnológicas francesas en Francia y 63 comunidades tecnológicas francesas ubicadas en casi 100 ciudades de todo el mundo.

Esta experiencia cuenta múltiples iniciativas tales como programas de financiamiento, de captación de jóvenes talentos con inclinación hacia la tecnología de la información, estímulo al desarrollo sustentable. Una de las funciones más importantes del ecosistema La French Tech es mediante el aceleramiento de startups y las herramientas de cofinanciamiento. Pero la batería de iniciativas también cuenta con políticas de promoción de la actividad, corresponsales tecnológicos que facilitan las relaciones entre empresarios y administración pública, crédito fiscal por investigación. Por último, para contactar recursos por fuera del país y de la Unión Europea desarrollaron una visa de tecnología francesa, como un procedimiento simplificado para inversores, fundadores y empleados de startups no europeas que quieran establecerse en Francia.

                En esta experiencia podemos encontrar algunas aristas que pueden ser interesantes para traducir a nuestras propias condiciones y desafíos. Si bien solamente pueden servir como guía, existe un enfoque de entramado público privado en La French Tech, así como también una orientación al estímulo de nuevos emprendimientos y a la transferencia de conocimiento, que la vuelve muy valiosa.

                En nuestro país existen excelentes profesionales con alto grado de capacitación, así como también formas de organización de las más variadas orientadas a la producción de software. En los últimos años, atendiendo al potencial citado, gobiernos provinciales y el nacional elaboraron una serie de leyes que permiten pensar en un entorno favorable para el fortalecimiento de una industria en expansión, la cual demanda constante actualización para absorber las nuevas tecnologías  y aumento de la capacidad para asimilar una demanda creciente . Entre ellas la más relevante es la Ley de Economía del Conocimiento, sancionada en octubre de 2020. En la próxima nota ahondaremos en las condiciones nacionales para el desarrollo del sector y analizaremos particularmente esta ley, con la mirada puesta en la generación de política pública para fortalecer la soberanía tecnológica.

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