Por Juan Pescio.

Esta nota es la primera de una serie donde se abordarán los cruces entre el software de código abierto, la sociedad y el gobierno de la misma, con la mirada puesta en crear tecnología para la inclusión social, para la igualdad, para el ambiente sano, para la soberanía, para el desarrollo de las pymes y la economía popular.

Una cuestión de códigos

                Levantarse y enchufarse. Casi como un acto inmediato. La tecnología es humanidad extendida, no sólo porque gran parte del día tenemos una mano en el teclado mientras con la otra sostenemos el celular y paseamos las retinas por una y otra pantalla incesantemente. La capacidad de almacenamiento y procesamiento logrados hace décadas tiene como efecto la digitalización creciente de cada vez más aspectos de la realidad y un aumento constante de los niveles de accesibilidad alcanzados. Gran parte de las interacciones entre las personas o de la satisfacción de deseos de distinta naturaleza hoy se canaliza mediante una aplicación de escritorio, web o móvil. La tecnología tiene un impacto innegable en la sociedad, en las vidas de las personas. La innovación y la incorporación de tecnología ya no es un proceso exclusivo de las grandes multinacionales y los gobiernos dominantes de la geopolítica mundial. Hoy atraviesa a cooperativas de trabajo, movimientos sociales, PYMES de cualquier orientación, gobiernos nacionales, provinciales y locales.

                Ahora bien, el avance de las tecnologías de la información no se explica en las trayectorias de los Jeff Bezos y Marck Zuckerberg, de las figuras puntuales del mainstream del software. En el core del crecimiento exponencial de la informática y sus posibilidades, se encuentran los desarrollos de código abierto y la colaboración masiva de las comunidades de desarrolladores obstinados en compartir sus producciones y certezas. Miles de piezas de código de propósitos múltiples o específicos se abren por hora para quienes quieran disponer de ellas, ofreciendo el producto de cientos, miles o millones de horas de trabajo orientada a la proliferación de la innovación en múltiples ramas o ámbitos de aplicación.

                Esta nota inicia una columna donde se abordarán los cruces entre el software de código abierto, la sociedad y el gobierno de la misma, donde entrevistaremos a personas que habitan el mundo PYME, así como también a activistas de movimientos sociales, y funcionarios públicos para indagar en distintos tipos de desarrollo, su impacto, y las perspectivas. Debajo detallo algunos ejes que me parecen que son útiles para explicar la mirada con la cual voy a ir transitando los distintos ejes que abordaremos.

La ética de la tecnología y el gobierno de este monstruo

Los avances sobre campos particulares de la informática, como la inteligencia artificial y la ciencia de datos, donde podemos agrupar a la minería de datos y técnicas de big data, aumentaron exponencialmente las posibilidades del efecto de las aplicaciones, creando y engrosando un nuevo sector llamado economía de datos.

En la economía de datos el commoditie principal es la huella digital que vamos alimentando en la interacción diaria con múltiples plataformas o dispositivos. Son nuestros clicks, nuestros ‘Me Gusta’ y posteos, nuestros recorridos y búsquedas, cruzadas con flujos inmensos de datos resultantes de procesos en cadenas de suministro, logística internacional, procesos electorales, desempeño de acciones en las bolsas de valores, monitorización satelital y un inmenso etcétera.  Gran parte de las polémicas sobre la falta de privacidad de los últimos años, que tuvieron a Facebook en el centro de los cuestionamientos, tienen como telón de fondo prácticas intrusivas, que bordean una legislación escasa a nivel mundial, para obtener ventajas competitivas en el proceso de valorización de los datos.

La tecnología, al ser humanidad extendida, no está exenta de intenciones. Hay herramientas informáticas que no son neutrales, que están diseñadas para el lucro, la violencia, la debilitación de las democracias y la división social. Aun así, no abono a una visión plenamente distópica de la tecnología, aunque reconozco que en las tendencias de la industria se encuentran peligros reales sobre nuestra privacidad, capacidad de decisión, y sentido crítico del mundo que nos rodea. La debilitación de los Estados con respecto a los gigantes de internet, es uno de ellos. Perder el control, romper el timón, de lo público respecto a lo privado cuando está en juego los grandes flujos de información anteriormente descrita puede ser sumamente dañino para nuestro futuro como humanidad.

Las bondades de la maduración tecnológica son vastos e incesantes, la innovación nos vuelve mejores y más capaces, pero a ritmos desiguales y combinados producto de las desigualdades entre centro y periferia a escala mundial, y entre los poderosos y los excluidos en los terrenos nacionales. La inversión privada no colabora más que lateralmente con este problema. Los argentinos somos testigos de que las empresas privadas difícilmente inviertan en aumentar la conectividad y el acceso a la información por parte de las grandes mayorías, y que sin la presencia del Estado no es posible dar avances en este sentido. Más adelante hablaremos sobre la ley de economía del conocimiento, así como también sobre la declaración de los servicios de las tecnologías de la información y las comunicaciones como servicio público. Estas y otras políticas que implican avances significativos a la hora de pensarnos y obtener condiciones para actuar y generar un desarrollo que no sea neutral, pero se encuentre a favor de las grandes mayorías.

Tecnología y pueblo

                Existen experiencias colaborativas, fundamentalmente en la economía popular, que nos dan la pauta que debemos integrar a nuestras demandas como pueblo la exigencia sobre desarrollos tecnológicos que impacten positivamente en nuestros barrios, comunidades, y familias. Considero que es central conciliar las nuevas generaciones de desarrolladores y tecnólogos profesionales con los movimientos sociales. Así como también que es preciso integrar alta tecnología a la gestión pública, para sumar eficiencia, transparencia y participación. Tecnología nacional y adaptada a nuestros intereses y necesidades, que dé trabajo local, y nos ayude a desprendernos progresivamente del uso de licencias en sistemas operativos, motores de bases de datos, programas de ofimática, para, así también, colaborar con una balanza comercial informática la cual en la actualidad es negativa.

                En fin, iremos recorriendo reflexiones y entrevistas que colaboren con una mirada puesta en crear tecnología para la inclusión social, para la igualdad, para el ambiente sano, para la soberanía, para el desarrollo de las pymes y la economía popular.

Un comentario en «Pueblo, gobierno y tecnología de datos»

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