La sensibilidad de los nuevos dueños y la acción del Estado, en dirección a la memoria.

“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”. Rodolfo Walsh, Carta Abierta a la Junta Militar

Cuando el 25 de marzo se conmemoró la desaparición y asesinato de Rodolfo Walsh, la casa isleña que alquilara con Lilia Ferreyra fue abierta por sus nuevos dueños para una recorrida de funcionarios. Allí habrán de iniciar un proyecto cultural de cara a los 45 años de ausencia de la más destacada pluma que combinó talento y compromiso, que se cumplirán en 2022.

Walsh había llegado a Tigre en 1971 a partir de una charla con su ex pareja Pirí Lugones, vecina en una isla. Lilia acordó sin contrato; al dueño le bastó la palabra. “Eran otros tiempos”, me dijo en lo que sería su última entrevista.

Cuando llegaron a esos 40 metros cubiertos sin otra comodidad que una bomba manual para sacar agua, no se preocuparon por el pasto crecido o la abultada ligustrina. Sólo sabían que estaban en río Carapachay 459, donde no había el cartel habitual de las casas en esa zona. Le dejan por nombre 459. Hasta que alguna vez podaron y apareció el letrero: Liberación.

Al lado de Liberación, Pirí alquilaba otra con una bañadera vieja que terminó en el parque como macetero. Ella se fue luego de dos suicidios de familiares en Tigre y le cedió el alquiler al matrimonio de Pablo Giussani, del diario La Opinión, que a su vez acudió como garante al colega Oscar Serrat.

Ho el recuerdo (que es otro modo de decir memoria) lleva a todos a señalarla como “la casa de la bañadera”. Así dice el lanchero que acerca a los turistas.

Otra lancha merodeó la zona en la segunda mitad de los años ‘90, con el cineasta David Coco Blaustein, el periodista Luis Bruschtein, su hija y Lilia, quien cuando por fin la reconoció, entró y recordó: “Si habré baldeado este piso”.

Ese y otros relatos del vecindario pasaron de la memoria oral a la escrita compilados por los nuevos dueños, Mabel y Daniel Argüello, en el libro La Casa de Tigre, que ya tiene dos ediciones y al que puede accederse en el portal Pluma de Río.

Proyecto cultural

La casa acaba de ser declarada de interés municipal por el Honorable Concejo Deliberante, y el muelle fue declarado de interés cultural por el partido de Tigre. Fue visitada hace días por el intendente Julio Zamora y por Tristán Bauer, ministro de Cultura de la Nación, con quien firmaron un convenio junto a Argüello.

Así lo adelantó el jefe comunal: “Visitar la casa donde Rodolfo Walsh vivía y pensaba cada uno de sus escritos es una sensación muy emotiva; porque además fue un emblema muy valioso. Es un placer haber recibido en Tigre a Tristán Bauer, con quien firmamos junto a Daniel este convenio para impulsar múltiples actividades que le darán un valor importantísimo a la memoria de este gran escritor. Es un trabajo que iremos desarrollando en conjunto entre el Municipio, el Ministerio de Cultura de la Nación y esta generosa familia”.

Fue acompañado por quienes trabajaron en el proyecto: el secretario de Relaciones con la Comunidad, Emiliano Mansilla; la subsecretaria de Derechos Humanos y Juventud, Natalia Reynoso, y la de Cultura, Marilina Silva.

Zamora y Bauer contemplaron las reliquias de la biblioteca; manuscritos, documentos y fotos antes de la proyección de un video conjunto realizado por las áreas culturales del Municipio y la Nación.

El propietario guía al ministro y al intendente.

En opinión de Bauer, “estas son fechas que deben llevarnos a la reflexión para que nunca más se repitan aquellas atrocidades. Agradezco el compromiso que siempre demuestra el intendente Julio Zamora y en especial a la familia que vive aquí, que cuida en forma amorosa la casa que fue lugar de inspiración de uno de los grandes escritores del país”.

Argüello agradeció: “Estoy muy contento por el objetivo que se quiere llevar adelante para mantener viva la memoria de Walsh. Cuando allanaron esta casa durante la dictadura quisieron robarnos las letras y su historia, pero lo que se está haciendo ahora es para recordarle para siempre”.

Para el 2022, a 45 años de su secuestro, la casa tendrá un nuevo testigo que irá dando cuenta del paso del tiempo: un árbol conmemorativo de Walsh, colocado en el marco de la campaña nacional Plantamos Memoria, que vino a suplir las movilizaciones masivas por la pandemia y que seguro perdurará como fiel testimonio de estos otros tiempos difíciles.

Bauer, Zamora y Argüello.

Por Alberto Moya para El Cohete a la Luna

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