Por Ezequiel Arauz

Real, transversal, ineludible, el precio de los alimentos es hoy el gran problema de la Argentina. Que no comenzó con este gobierno pero tampoco con la guerra en Ucrania. Sin duda el más angustiante de la actualidad junto con el endeudamiento externo. Es una disputa económica. Para su solución hace falta poder político. Los gobiernos populares construyen su poder en las urnas pero también en la movilización callejera. Y en ese aspecto, nuestro país volvió a vivir el jueves una jornada histórica.

Cuatro millones de votos menos que en 2019 seguramente hablan de dificultades palpables. Por ese motivo desde las generales hay innegables disputas internas en el Frente de Todxs. El acuerdo con el FMI, – que más allá de análisis ramplones, está íntimamente relacionado con la vida cotidiana de los argentinxs – y la renuncia de Máximo Kirchner los desató y habilitó públicamente. Es saludable para el frente que eso ocurra, aun cuando el barco tiembla y produce mareos.        

Es responsabilidad de cada actor del FdT sostener la unidad, aspecto clave para derrotar a Macri y su proyecto neoliberal. Es con todos y cada uno en su justo peso. Estratégico. Tan estratégico como sostener la agenda de aquel 2019. Lo dijo el senador formoseño Mayans “Volvimos para ser mejores pero no lo estamos logrando”.

Lo primer cuestión para robustecer esa unidad es reconocer las dificultades del hoy, a sabiendas que pueden incluso empeorar en un futuro cercano, por cuestiones de incertidumbre global y también por cuestiones de entrecasa. Urge pasar del diagnóstico a los hechos concretos de gestión. De otra manera, la unidad que sirvió en 2019 volverá a ser insuficiente como en 2021.

De cara al futuro cercano, es tan cierto que no se puede estar mucho tiempo exponiendo la ropa sucia como que, en general, los debates que no salen a la luz son lo que no se dan. No es cierto que siempre hay que debatir “para adentro”. “Para adentro” la mayoría de las veces, los debates no ocurren nunca y nadie se entera. 

“El gran problema que tienen los argentinos y las argentinas en este momento.Sin ninguna duda, es también la principal preocupación y el principal desafío del Gobierno. Hay muchos factores que inciden en la inflación y todos tienen que ser atacados coordinadamente” así lo expreso Alberto en la apertura de sesiones. 

Desgastadas por repetición, las grandes mesas de acuerdos, que incluyen a actores como Funes de Rioja, principal lobista y operador de los primeros beneficiados con la inflación, que los hay y se la llevan toda, no han demostrado ser eficaces hasta acá. La moderación discursiva y la desmovilización tampoco. Los buenos modales no están rindiendo en términos pragmáticos, más que ideológicos. 

Hubieron propuestas y herramientas en las que no se avanzó: la ley de góndolas nunca reglamentada, los mercados de cercanía, los programas con las organizaciones de productores familiares, cooperativos, de la economía popular, experiencias que había que fortalecer y que hoy aparecen a contrapelo del apuro. El chancleteo en retroceso frente a Vicentín, fortaleció a los jugadores fuertes de la alimentación, aquellos que forman precio.  

Calle

El primer 24 con movilización post – pandemia mostró que hay un pueblo vital en ese aspecto. Que de la admirable tozudez de las Madres y las Abuelas, sumada a la contundente acción en la materia de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner sigue siendo fructífera. Se movilizaron muchos jóvenes, a los que etariamente 1976 les queda bastante lejos.    

Larguísimas y robustas columnas que caminaron a la plaza de Mayo desde la exEscuela de Mecánica de la Armada, hoy sitio de la memoria, hegemonizadas por La Cámpora y organizaciones aliadas, tuvieron el aditamento de la notable presencia de intendentxs de la primera y tercera bonaerense, es decir, dirigentes con poder territorial concreto y voto.

Entre todas las convocatorias, que resumimos en tres: la ya mencionada caminata, sumada a la de los organismos, las Madres y Abuelas y numerosas organizaciones políticas, sociales y sindicales desde la propia plaza – que en definitiva confluyeron- ; pero incluso también la de las fuerzas de la izquierda, redondearon una jornada impactante en términos cuantitativos.

En Argentina el 24 de marzo sigue siendo sumamente convocante, por las organizaciones y su militancia y por la cantidad de gente que se suma “suelta”.

Del lado de Juntos/Cambiemos ya ni siquiera el radicalismo se moviliza, como ocurría hasta no hace tanto. Las similitudes evidentes entre el programa económico que proponen y aquel que la dictadura vino a imponer a sangre y fuego a mediados de los ´70, en un país que repartía riquezas 50/50 y era mucho más igualitario que el actual, hace que el dato no llame tanto a la atención.  

De hecho, su propuesta de la hora es directamente dolarizar la economía. Un nuevo “sinceramiento” del estilo que les gusta.

Pero la derecha no necesita movilizarse porque tiene otras herramientas (justicia, medios masivos, poder económico) para imponer su agenda. El peronismo desde su origen sabe que no puede caer en la misma opción, excepto que se tuerza. En ese sentido, la jornada del 24 es esperanzadora. Hay buenas huellas de futuro en esa movilización. Aunque probablemente no sea suficiente para lo inmediato.

“Confíe en su pueblo, nunca traiciona, son los más leales, sólo pide que los defiendan y representen” le dijo Cristina frente a una Plaza de Mayo colmada, el día que Alberto asumió el gobierno. Cristina y lo que pone, había sido absolutamente determinante en la conformación del Frente de Todxs. Pero su rol no puede resumirse en eso.   

Ese día arrancó un gobierno que fue caracterizado como uno de transición. El asunto, abierto y en debate es hacia qué lugar nos conduce esa transición. Si a un gobierno que, hamacándose en cuestiones propias de la actualidad, pueda retomar el sentido de lo construido en el periodo 2003 – 2015 u otro, más cercano a lo que fue el macrismo.

Ese debate, central, estratégico y para nada menor, depende en lo táctico de cómo se resuelva el precio de los fideos, la leche, la carne y las verduras. De que los salarios dejen de perder con la inflación. De que los servicios no sean inalcanzables para el ingreso medio. De que la riqueza se reparta con mayor justicia. De que el horizonte no se presente inexorablemente como peor a la actualidad. La unidad como hasta acá, no sirvió para asegurarle eso a nuestro pueblo. Y ese también es un problema.

*Concejal FdT Quilmes.

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