El efecto Brasil golpea directo en la realidad sanitaria y económica de todos sus países vecinos, nosotros entre todos ellos. El colapso es total, las imágenes son devastadoras y el futuro próximo no es alentador.

Además su situación política es muy endeble, el golpe directo al corazón latinoamericano del Lawfare que significó la libertad de Lula y y el fin del juez Moro, puso a Jair Bolsonaro en una dura coyuntura política.

En los últimos días renovó su gabinete, volvió a tener ministro de salud y rompió lazos con las cabezas de las fuerzas armadas. Es tal la debilidad de su gobierno que lo obligo a generar un nuevo frente con pequeños espacios políticos.

Aun así hoy volvió al ataque contra las políticas sanitarias, una vez más volvió a posicionar un discurso anticuarentena a favor del bienestar de la economía. En el último año la desocupación en Brasil se disparó dos puntos para ubicarse en el 14,2%, unas casi 4 millones de personas en condiciones de trabajar y que están por fuera del sistema.

Bolsonaro fue contra gobernadores e intendentes al afirmar que “La vuelta del derecho a trabajar es esencial”, horas antes su flamante ministro de salud,  Marcelo Queiroga, era parte de una reunión del comité Covid-19 y allí, sin respaldar cuarentenas ni toques de queda, recomendó distancia social y cuidados ante semejante desastre.

“Les digo a los gobernadores, revisen estas políticas y permitan que el pueblo pueda trabajar. Los empleados públicos tenemos a fin de mes nuestro sueldo, pero hay 40 millones que dependen de salir. Con las restricciones, los gobernadores e intendentes están haciendo un estado de sitio, algo que yo no puedo hacer sin autorización del Congreso”, se quejó.

Bolsonaro advirtió sobre el crecimiento del hambre y advirtió: “No sabemos dónde iremos a parar si la pobreza sigue avanzando”.

El parlamento votó u auxilio de emergencia de 55 dólares, será por cuatro meses, espacio en el que el país espera lograr una vacunación masiva, con producción propia en los laboratorios estatales de la china CoronaVac y la anglosueca AstraZeneca.

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